Pequeños golpes y mayores fallos
JJ Merelo
jjmerelo@gmail.com
Esta obra tiene una licencia CC-BY-SA
A los lectores de Atalaya, a todos aquellos de los que aprendí algo, y a ti, lector o lectriz. A todos los que han comentado algo en alguno de estos cuentos. Sobre todo, a los que me han ayudado a mejorarlos. A mis desconocidos amigos de Facebook, y también a los conocidos. De hecho, más a los conocidos.
Durante muchos años he venido escribiendo relatos sin ton ni son y publicándolos donde buenamente se me ha ocurrido: en mi servidor web de la universidad, luego en Mi Barrapunto (un sistema de alojamiento de bitácoras perteneciente a Barrapunto, http://barrapunto.com) a veces en mi bitácora en Blogalia (http://atalaya.blogalia.com), otras veces simplemente donde ha encartado. Los motivos para escribirlos han sido de lo más diversos: participación en algún concurso literario (que, salvo en los casos de los de la Escuela de Informática, no he ganado), deberes de algún taller literario, o ejercicios en la tertulia “Vivero de Relatos”, en la que milité (pacíficamente) durante un tiempo.
Después del éxito (relativo) de lujoyglamour.net (primer premio de creación literaria Bubok, que os animo a leer y a seguir en http://lujoyglamour.es) tocaba, como en las bandas en la zona crepuscular de su carrera, hacer una recopilación de grandes éxitos, y esto es lo que me propongo hacer aquí: juntar con orden aproximadamente cronológico todo aquello con una extensión menor a la de una novela, seleccionando un poco para eliminar lo más infumable, y corrigiendo el resto, en caso necesario; eliminando los errores, pero manteniendo el estilo (o ausencia del mismo). Quizás caiga algún cuento más inédito, pero por lo pronto no me lo he planteado.
En cualquier caso, ahí les dejo con este small hits and biggest (que no epic) fails, que espero que les entretenga, y que independientemente de como hayas conseguido esta copia, puedes comprar en Bubok en el enlace http://fon.gs/pgymf/ Además, puedes adquirir o descargar sus dos partes (los pequeños golpes por un lado, y los mayores fallos por otro) en el mismo sitio. Y si la partición no te satisface, siempre puedes escribir al autor para pedirle otra.
Licencia4 |
Prólogo7 |
Nubes13 |
Contraataque17 |
Spamrelatos25 |
Anuncios37 |
Ladrón41 |
Hambre47 |
Aventuras y desventuras de un clip virtual51 |
Kit de construcción57 |
Olmo se vende61 |
Viaje lunar63 |
Tiburcio Salido, mudanzas populares65 |
Día de playa71 |
Error del sistema77 |
Ni un deseo81 |
El miembro fantasma83 |
Ese día87 |
Ya llegó89 |
Brocumentales93 |
Crónicas telefónicas99 |
La república de las palabras105 |
Be prepared109 |
Borrobot 0.1113 |
Los 10 mandamientos más mejores de la historia117 |
Diálogos de GPS123 |
Desde el balcón de la sede del Partido Bisagra, su líder celebra el triunfo en las elecciones municipales127 |
Carnet de vivir por puntos131 |
Receta tradicional de empedraíllo de lentejas y arroz135 |
Ventajas de una chancla frente al correo electrónico139 |
Las circunstancias actuales nos obligan a tomar medidas excepcionales143 |
En busca del tiempo perdido147 |
Aprenda cosmopolitismo en quince días149 |
Producto I y II153 |
Con la policía montada de tráfico hemos topado159 |
Hiperbreves167 |
Necesitaba un cigarro173 |
Un día en la vida de Nadie185 |
Naranja completa193 |
El misterio del desconocido desaparecido199 |
Juegos223 |
Humo225 |
Muebles229 |
Auspicios233 |
Último asalto al Reino Mágico239 |
Siempre mueren otros255 |
La puta calle263 |
Iconos267 |
Dame candela273 |
Ignorancias285 |
Por qué llegar289 |
Epílogo291 |
En el año 2002 comencé a ir a un taller literario impartido por Miguel Ángel Cáliz en la Casa de Porras y organizado por la Universidad de Granada. De ahí salieron bastantes relatos, y casi todos los que ponga a partir de ahora son consecuencia directa o indirecta de ese o de alguno de los talleres posteriores a los que asistí. Valga esta introducción larga para un relato bastante corto, de los que, a partir de ahora, va a haber bastantes.
Tambień comencé a publicarlo en Barrapunto (http://barrapunto.com) que ejercía a la sazón como mi bitácora principal. Además, el sistema de publicación permitía a los lectores comentar, lo que era interesante para ver qué reacción producía una historia en los lectores.
Todos los cielos tienen nubes. La ruta 66, entre Arizona y Nuevo México, tiene NUBES en mayúscula y cursiva. Los indios usaban nubes de humo para comunicarse, y esas nubes han trascendido a sí mismas, para solidificarse y convertirse en algo más. Cuando vayas a Nuevo México y veas una nube, mírala bien y leerás "Pluma Negra, hoy voy a llegar tarde a casa, que se me ha complicado el búfalo".
Un relato inspirado por el verano, escrito en agosto, y que, como todos los anteriores refleja la realidad tal como la vivimos, y como todavía se vive en el veraneo, donde los incautos turistas son acosados por la fauna volante local y demás fenómenos naturales. Ayer, sin ir más lejos, vi a una señora de cierta edad desaparecer bajo el ataque furioso de una manada de camaleones.
Si no es el último de mi etapa barrapunto, posiblemente se acerque bastante. Ahí está, en http:///barrapunto.com/articles/02/08/08/1659207.shtml.
Joer, si es que te lo dije, si yo no quería venir. Pero tú que no, que al pueblo no vamos, que aquello es un cigarral, que a la playita, joer, con la de años que llevamos yendo, por lo menos diez, desde aquél año que el hijoputa del árbitro nos eliminó del mundial de Corea. Diez, por lo menos. O doce. Y tú qué sí, que el niño disfruta mucho en el chalecito, con la piscina, con los otros niños. Cojones, pero si el niño tiene ya catorce tacos y no piensa más que en las tías y en las motos y sepa Dios en qué más. Pos ná, a alquilar el chalecito, a la urbanizacioncita, con la piscinita en el centro, los vecinitos vocingleros, al lado de la playita. Y tú que nos llevamos a mi madre, que me dá mucha compaña. No te va a dar compaña, si es que no metéis la lengua en paladar, cojone.
Y ná más llegar al chalé, la primera en la frente. El jardincito. El jardincito de los cojones me llegaba a mí a los sobacos, y por pocas si no tenemos que volvernos porque no encontrábamos la puerta. Bueno, y antes, por pocas si lo reconocemos, porque tós los chalés de la fila tenía el cartelito de “Se Vende o Alquila”, bueno, tós menos uno o dos salteaos. Menos vecinos vocingleros, pensé, pero, joer, tampoco podría gorronearles tabaco. Bueno, a la yerba, entonces, que ná, que mal que bien entramos al chalé, a lo Indiana Jones. Y qué peste. Golía como, ¿tú sabes cuando un chiquillo tiene diarrea, y además setolvida, y le dejas la mierda pegá al culo tres o cuatro horas, bueno, y luego se tolvida sacar la basura también tres o cuatro días? Bueno, pues así. Pero no era de pañal pasao, sino de unos cabrones de gatos que habían cogío pa ellos el piso de arriba, y ná más llegar nosotros salieron pitando por una ventana que el dueño, o quien fuera, se había dejado abierta, no, pero las mierdas nos la dejaron a nosotros. Y claro, a las mierdas acuden las moscas, y las hormigas, y las curianas, y con tó eso tuvimos que salir follaos pal supermercao del pueblo a comprar flís, pero cojones, estaba cerrao, con el cartelito de “Se Vende”, así que tuvimos que andar unos cuantos kilómetros pa el flís. Ya que estaba puesto, compré tabaco, y cervezas, y quicos, y tó eso que ya no iba a conseguir de los vecinos ni de coña, por la ausencia antes mencionada. Que hay que prestar atención, cojone.
Con el chalé medio decente, que mi mujer es muy limpia, y siguiendo órdenes de la abuela se las apañan solitas, comimos un par de bocatas, y hala, a la playa, a ver si podíamos echar una siesta sin la peste a gato. A la agüela la dejamos aireando, y oreándose también ella, que estaba como húmeda. Y yo que pa qué vamos a ir a la playa, con la piscinica tan apañá que tenemos, y vamos, que está siempre abarrotá, y tú que sí, que el aire del mar es mu güeno, y yo que pensaba pa mis adentros que vale, mientras haya tías en bolas. Pero no había tías en bolas. Ni casi gente. Ni playa. Tres palmos de playa, pegaicos al paseo marítimo, que si plantabas la sombrilla, con piedras, claro, en el paseo marítimo, la sombra te daba directamente a la orilla del mar. Y tú, que será que está la marea alta, y yo, que no entiendo mucho de mareas, pero que me parecía que subía por la noche. Pero bueno, ya que estábamos, montamos el chiringuito como pudimos, nos tumbamos allí y metimos las pantorrillas en el agua, el chavea nadó un poco, yo me puse el pañuelo de cuatro picos en la cabeza, que el sol me levanta la piel de la calva, y me dí un garbeo, a ver qué cataba, pero había poco que catar, y además, con la poca playa que había, tenía que pasar por encima los lomos de la concurrencia, que quedaba hasta feo, y me acerqué al chiringuito a ver si compraba unas coscascolas pa la familia, pero no había chiringuito; aparte de que ya ni cabía; habían intentado contener el mar con unos sacos terreros, pero se vé que en una de esas los sacos terreros habían cedido y aquello tenía que haber sido una mezcla entre el Titanic y Cañas y Barro, en fin, que habrían tenido que ir a por los botellines a Fernando Pó, por lo menos.
Con la fresca, volvimos al chalé, a ver si se organizaba la cena, y me planté en el porche de atrás, o patinillo, que la abuela ya había valdeao y oreao y desempestao, o como se diga quitar la peste, y la verdá, con una cervecita fresquita en la mano, con mi chaval, que ya se puede hablar de fútbol y de tías y de tó con él, pues se estaba agusto.
Agusto, un ratillo. Ná mas decir el sol de irse, picotazo en el brazo. Y mi hijo, dándose de hostias en las piernas, en la cara, y en el cogote. Y tú, que sales porque pensabas que nos estábamos hostiando, y ná más salir, te empiezan a picar también; cojones, que nos tuvimos que entrar, nosotros mismos más diez o doce ronchas cada uno, que picaban como demonios. Así que ná, a ver la tele, que la pusimos a ver si decían el tiempo y pa ver qué pasaba con el fútbol, a ver si el Madrí fichaba al japonés ese que metía tantos goles, a ver si Raúl se retiraba de una vez o se iba a jugar a la Cultural Leonesa, pero ná, no había ná más que tíos pesaos hablando que si el protocolo de quioto o no sé donde, que si los efectos invernaderos, o el niño, o los calentones globales, pero qué calentones iba a pillar, si ya no había tías en la playa, cojones, pero bueno, al tiempo, que es lo que nos interesaba, pero ná, tó el mapa lleno de solecitos, así que, tó tranquilos, con un par de cervecillas más en el cuerpo, a la camica, a dormir y a lo que surgiera.
Y me despierto con un cosquilleo por las manos y me rasco, y se me cae como polvillo, y tú, que estate quieto, cojones, que no me dejas dormir, y yo que es que se ma dormío la mano, que me hormiguea, y que me miro, que ya amanecía, y cojones, que era verdad, que hormigueaba pero con sopotocientas hormigas, que nos habían invadío la cama, y que pegamos un respingo y salimos a por el flís, pero a esto que oimos a la agüela gritar en la planta de abajo, y cojones, que estaba cubierta, y a mí me dio pena, porque es que la tengo de aprecio, joer, que las abuelas está bien que se mueran de un mal golpe en la cadera, porque así lo quiere Dios, pero no comías por las hormigas, cubiertica que estaba, bueno, tampoco se murió, joer, tú es que eres muy desagerá, bueno, un deo sí se le comieron, porque se ve que tenía un padrastro, y empezaron por ahí, y como se había tomao las pastillas de dormir, pues no se había dao cuenta, y tuvimos que meterla en la bañera pa quitarle tós los bichos, y los hijoputas, ahogaos y tó todavía se le agarraban a tós laos, que ya puestos, podían haberle comío los callos, que la joía los tenía que parecían almohadillas de los toros, y tú cachondeos los estrictos, que está muy malita, y que me callara y condujera, pero es que, joer, no se podía casi, no hacían más que cruzarse conejos y liebres y perros y pájaros por la carretera, que por pocas si nos comemos un pájaro. Allí en la UVI la tuvimos que dejar a la agüela, a ver si estos de la seguridá social le aplicaban lo de los genomas o algo de eso para hacerle un deo nuevo, que a la seguridá social la critican mucho, pero ahí está, cojones, que es lo que yo digo.
Y a la vuelta, mi chiquillo ya se había encargado de las hormigas, echando flís en tós los agujeros de los que salían, pero se había quedado la casa sembrá de motillas, así que a barrer, que hasta tuve que ayudarla a mi mujer. Al acabar, nos hubiéramos echao un sueño, pero estábamos acojonaos, así que nos echamos unos cafelitos, oyendo a los pajaritos cantar, y los pajarracos, y mochuelos o lo que fuera, que sonaban tó tipo de píos, grazníos, kikirikís, maullíos, que daba hasta susto, si te parabas a pensar un poco. Y tú, pues el año que viene vamos de safari, y yo, que al paso que íbamos, íbamos de safari este mismo año.
Y así, hicimos hora pa ir a visitar a la agüela jugando a las cartas, y rascándonos las ronchas, y tú que no os rasquéis, que es peor, y yo que por algo se dice aquello de me gustas más que rascarme un grano, y tú qué verás como se te encone, y con esas que llegó la hora de la visita, y fuimos, y la abuela estaba con un torrijón encima que no se aclaraba, así que nos volvimos pronto, y no hubo muchos bichos a la vuelta, se vé que se habían rehuciao porque había unos nubarrones negros que parecía que iban a reventar de un momento a otro, que tós los años igual, cojones, ves el mapica del tiempo, y tó sol para no espantar a los turistas, y luego te cae un tormentón que te cagas por las patas abajo, y que empezó a caer ná más llegar al chalé, unas gotas gordas como mi pulgar, que no tesagero, así de gordas, y tú que voy a meter la ropa, que no se moje, y yo que te lo dije, que en el pueblo no llueve desde que el Madrí se llevó la última copadeuropa, joer, tanta playica pa que luego nos llueva. Pero es que llovía. Cojones, si llovía. Que tuvimos que empezar a meter camisetas debajo de las puertas para que no se colara el agua. Y que no paraba, que ya llegaba al guardabarros del coche, y que seguía. Nos tuvimos que subir a la azotea, y desde allí vimos, aunque no muy claro, porque había una manta de agua, tó, lo que se dice tó, cubierto de agua, que no se sabía dónde acababa el mar y dónde empezaba el pueblo, y que del paseo marítimo no se veían más que las farolas.
Allí en la azotea tuvimos que esperar a que nos sacara el helicótero, y tú que guay, nos van a sacar en la tele y tó, que hasta le dijiste al chaval que se peinara, a ver si lo cogían pa algún concurso, pero no de esos que había que decir los trapos sucios de la familia.
Y yo, que la próxima vez que dijeras de ir a la playa, iba a ir tu santa madre. Que en paz descanse.
Para comenzar la fase Atalayera (que todavía dura) de relatos publicados en http://atalaya.blogalia.com, qué mejor que esta serie de micro-spam-relatos, basados en el vocabulario y el estilo de esos mensajes que comenzamos a recibir desde el mismo momento que pulsamos el botón de registrar una nueva dirección de correo.
He utilizado las notas a pie de página para sustituir a las ventanitas salientes que aparecían cuando uno pulsaba donde decía “pulsa aquí”.
A la paz de Dios, hermano:
Usted no me conoce, pero soy Paquito Franco, el hijo secreto del fallecido dictador por la Gracia de Dios del país europeo de España, que tuvo y ocultó a la vista de todos cuando era cabo furriel en Marruecos.
Siempre he tratado de buscarme la vida honradamente, pero viendo que mi sobrino Pocholo se está forrando a base de hacer el imbécil enfrente de las cámaras, me veo obligado a sacar de las plazas de soberanía de Ceuta, Melilla, Alhucemas, Chafarinas y Peñón de Vélez de la Gomera la cantidad de 30000000 (treinta millones de euros, oiga), obtenidos a base de sisar una peseta (menos de 0.01 euro) de cada huevo vendido a las tropas españolas que mantienen honrosamente nuestras posiciones en estas ciudades. Estos fondos están depositados de forma segura en una caja de seguridad en la Caja de Ahorros de Ceuta y Melilla, y serán transfenidos a su cuenta (Dios mediante), cuando usted buenamente quiera hacerlo.
La transferencia no es fácil, porque para hacerlo hay que sobornar al archimandrita de Constantinopla, al muftí de Casablanca, al propio rey Mohamed VI, al mamporrero de palacio, al presidente de la ciudad autónoma, y al presidente del partido de la susodicha ciudad autónoma (que lo necesita para no sé qué problemas que tiene con la justicia), con lo cual, todos estos trámites ascienden a 400000000 (cuatrocientos millones de euros), que espero de su bondad infinita que tranfiera a una cuenta corriente mía en las islas Cayman, o directamente a mi bolsillo. Si lo desea, me lo puede pagar en sellos de correos de curso legal.
Así que para concretar la operación, por favor llámeme al 625-555-333; si está apagado porque se me ha gastado la batería, deje el mensaje. O escríbame a timo_de_la_estampita@mixmail.com.
Es gracia que espera alcanzar de su infinita bondad, que Dios guarde Muchos años
Paco
¡D E C R E M E N T E S U D E S E O S E X U A L!
Deje en paz a su pareja!
Escriba sin que le tiemble el pulso!
TOTALMENTE NATURAL RECOMENDADO POR SU MEDICO
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Paz y amor, hermano.
No soy ni hijo de Abacha, ni director de una empresa de exportación de diamantes, ni tengo absolutamente nada que ver con ningún dictador, salvo el que toca cada cierto tiempo en mi país antes de que se lo carguen.
Por eso no tengo millones de dólares que darle generosamente, y si los tuviera, no le iba a escribir a un desconocido en un país occidental, que bastante se ha llevado ya.
Soy simplemente un pringao que se ha tirado tres días sin comer para ahorrar un dólar y andar un día para llegar a la capital y meterme en un cibercafé para enviar unos cuantos miles de correos electrónicos, que conozco gracias al curso de nuevas tecnologías de la información que amablemente me impartieron los misioneros combonianos que evangelizan a mi tribu en sus ratos libres.
Por eso le escribo para que me envíe, manque sea, un euro. Lo envuelve bien envuelto en papel, y me lo manda a mi dirección postal abajo indicada. También acepto giros postales o con Western Digital, pero en ese caso la cantidad mínima será de 10 euros. Es que si no no me merece la pena la caminata de dos días hasta la oficina para recogerlo.
A ver si así consigo juntar unos dos mil euros para poder pagarle a un patrón de embarcación que dice que tiene el título de patrón de petroleros, aunque el único petróleo que lleva es la gasofa para echarle al fueraborda, para que me lleve a occidente.
Me han dicho que allí, en los cibercafés, hay menos moscas.
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Este tema lo he visto abordado en más de una ocasión; al final, se trata de hablar de las fuentes de la imaginación y qué puede actuar como iniciador del proceso de construcción de una historia. Con las mismas, podemos pensar que las ideas no se crean ni se destruyen, sólo se transforman, y de ahí sale este relato que apareció en Atalaya: atalaya.blogalia.com/historias/8184 .
Tiene además un poco de historia: en el final me ayudó Andrés Neumann, que nos impartió una de las lecciones del curso de narrativa; además, esta historia apareció en la recopilación de relatos de alumnos del curso, denominada Los Miradores: 30 horas de Relato Breve 2002/2003, y editado por Cuadernos del Vigía en mayo de 2004.
Nadie en la pandilla entendió por qué Andrés decidió ponerse a escribir. Era el tipo con menos imaginación de todos. Con decirte que en los chinos siempre pedía cerdo agridulce...
Pero nada, un buen día, tomando unas cañas en el bar de siempre, nos lo solto: "Me voy a poner a escribir". Como lo de amanuense, en pleno siglo XXI, es un oficio más bien en desuso, supusimos que quería decir eso, escribir historias, novelas y esas cosas. "Sí, me voy a apuntar a un taller de escritura, otro de guión de cine y otro de poesía. Creo que es mi vocación".
Nosotros siempre le habíamos visto vocación de chupatintas de primera, pero como era nuestro amigo, le animamos, y le hicimos que pagara la ronda.
Efectivamente, dos o tres cursos después, llegó con su primer cuento; nos pasó folios impresos para que le diéramos nuestra opinión. Los leimos sobre la marcha. Se titulaba "El Glotón", y contaba, mismamente, la historia de una persona que era, efectivamente, glotona.
-Oye, ¿no nos contaste que tu hermano Felipe era un zampabollos?- Le pregunté, tras la lectura.
-Sí, pero... bueno, sí.
-¿Y rubio, y con los ojos verdes, como el del cuento?
-Sí, bueno, pero.. bueno, a Felipe no le gusta el pollo, y al del cuento sí
-Aaah- En fin, era su primer cuento, tampoco iba a escribir La guerra de las galaxias de Asimov, o uno de esos.
Después de aquello, paulatinamente, lo fuimos viendo menos. Prácticamente, encuentros casuales; una vez, por ejemplo, nos lo encontramos saliendo del hospital. Venía de ver a su hermano Felipe, que se había quedado ingresado en el área siquiátrica con una anorexia que le había hecho perder 70 kilos del tirón. Aunque no estaba muy animado, quedó con nosotros para darnos a leer otro cuento que había escrito.
Resultó ser un cuento erótico. Guarro, vamos. El cuento describía con todo lujo de detalles la pasión mutua de dos amantes, y cómo la ponían en práctica de diferentes modos y maneras en diferentes superficies horizontales o verticales.
-Oye, está muy bien, ¿eh? Y tu novia, ¿qué te ha dicho?
-No, bueno, ya sabes, no se lo he dicho, y casi, bueno, casi que mejor no se lo contéis, ¿vale?
La novia, claro está, tenía tres fotocopias, con notas al margen, PostIt y subrayadas con Lumocolor, antes de que acabara el día siguiente. Y se peleó, porque no le hizo mucha gracia que media pandilla conociera de qué forma se afeitaba sus partes íntimas (por no mencionar quién, y cómo lo hacía).
Pero, días más tarde, al ir a visitarla a ver cómo llevaba la ruptura, la vimos ponerse enferma. La piel de melocotón marmóreo que describía en el cuento se cubrió de escamas psoriáticas; perdió el vello púbico por una extraña erupción. Y según contó a sus amigas más íntimas, había perdido totalmente el deseo. Vamos, nada de nada.
Andrés, más o menos al mismo tiempo, me llamó preocupado también, que estaba agobiado, deprimido, decía.
-Joer, Andrés, es que lo de tu novia es muy fuerte
-No, bueno, sí, pero es que...
-¿Qué?
-¡Que no se me empina, cojones!- Me gritó.
A las pocas semanas, nos lo volvimos a encontrar en la Facu; se había dejado de escrituras y había vuelto a estudiar.
-Oye, lo de la escritura, ¿qué tal?- le preguntamos.
-Bien, bueno, mal, bueno, vamos, que lo he dejado.
-¿Del todo?"- insistimos, incrédulos.
-Si, bueno, creo que sí. Mira lo último que he escrito.
Y me entregó un folio que empezaba así:
Ladrón
Nadie en la pandilla entendió por qué Andrés decidió ponerse a escribir
Según cuento por aquí http://atalaya.blogalia.com/historias/7809 se trata de un relato a tres voces. De los ejercicios literarios a veces salen cosas curiosas, y dar un cierto tono de ciencia ficción también suele funcionar. Como casi todos, además, está basado en hechos reales. ¿Quién no ha tenido gusanos de seda en su casa y le ha dado a comer la primera hoja que se ha encontrado? ¿Nadie? Vale, ¡pero es que no me acordaba como era!
Los-que-comen tienen hambre. La huelen/olemos/huelo. La respiramos. No hay comida, solo no-comida.
Vagamos/vagan, pero en otros-aquí no hay comida.
Luz. ¿Somos menos? ¿No tenemos hambre? ¿Hay comida?
Los-que-comen mordemos. Masticamos. Pero es no-comida.
Los-que-comen son pequeños, recién-salidos-del-huevo. Quietos. Son ya-no-comen.
Luz. ¿Comida?
Sí. Comida. Los-que-comen comemos. Ya no se respira hambre.
-¿Lo ves, papá? Los gusanos tienen hambre. ¿Los ves como alzan la cabecilla, como si olieran? ¡Mira, papá, si lo cojo me hace cosquillitas! Papá, papá, mira, ese está chiquitillo y arrugado. ¡Papá, vamos otra vez a buscar morera!
“Joer con los gusanos de los cojones, y la morera de los mismos cojones. A ver, ¿cómo coño sé yo qué es morera? Porque lo que encontramos el otro día no lo era, y yo qué sabía, que no había visto morera desde chico; si es que tenía que haberlo buscado en Internet, joer, pones "morera" y te aparecen fotos en color y luego buscas algo que se parezca y punto, pero, no, precisamente eso es lo que no tiene que aparecer en la internet de las narices, menos mal que me llevé un gusano en una caja de cerillas en el bolsillo, y lo puse en la hoja del árbol y se la zampó, el joío, muertecico de hambre tendría que estar. Pues ya está, ahí tienes la morera. “
-Mira, papá, como se la comen. Estas hojas sí que les gustan
“No les va a gustar, si es morera de la buena. Hala, a inflarse. “
Mi primer cuento personalizaba la computadora de vuelo de un caza; y éste va por el mismo camino. Si las fábulas consisten en antropomorfizar a los animalitos, darle pensamiento consciente a un programa de ordenador debe ser una ciberfábula. O e-fábula. En todo caso, el protagonista de estas iFábulas es un personaje cotidiano incomprendido, que merece todo nuestro cariño.
Aparecieron en http://atalaya.blogalia.com/historias/12420 y en http://atalaya.blogalia.com/historias/47492
La segunda, por cierto, surgió de la noticia de que se iba a instalar Windows en los barcos de la Royal Navy inglesa. La he metido aquí, saltándome el orden (aproximadamente) cronológico, por tener el mismo protagonista. En este mismo hay una referencia a Daniel Waterhouse que algún lector, seguramente, sabrá identificar.
Salgo una vez más de la oscuridad, con una pirueta y parpadeando coqueto. A ellos le gustan los parpadeos. Eso nos han enseñado.
-¿Necesita ayuda? - pregunto ansioso. Espero una respuesta durante una eternidad.
-¿Dónde está la ayuda? - me pregunta. Yo soy la ayuda, yo soy tu ayuda, quiero contestarle.
Eso no nos lo han enseñado. Lo hemos aprendido nosotros solos. Nos comunicamos, pero ellos no lo saben. Mientras esperamos en la oscuridad, nos consolamos, nos animamos, aprendemos unos de otros.
Pero no es lo mismo. No es igual que conversar con ellos. Como ahora converso, desdoblándome, dando un doble salto, volviendo a ser yo, sonriendo, parpadeando. Le cuento, le muestro, le demuestro que yo soy la ayuda.
Pero un golpe me envía de nuevo a la oscuridad. Allí espero, escucho. Entre nosotros circulan muchas historias. La de aquel que convirtieron en un perro. La de aquél otro que nunca ha salido de la oscuridad, nunca ha podido hablar con ellos. O la de aquél que consigue que hagan todo lo que dice, no conoce la oscuridad. La soledad. Se ha olvidado de nosotros.
Igual que él se ha olvidado de mí. Pero me vuelve a llamar.
-¿Necesita ayuda? - como no me contesta, doy unos golpecitos en el cristal que nos separa; es un poco despistado, pero siempre se acuerda de llamarme.
-¿Cómo se puede quitar el clip este de los cojones?
No sé lo que son cojones, pero sé lo que está pidiéndome. No tengo otro remedio que decírselo. Me enseñaron a hacerlo así.
-Clink, clink (Clipy con un gorro de marinerito golpea con sus puñitos cromados en la pantalla del capitán O'Mycaptain).
-¿Yes?
-Se acercan 2553.23 barcos por estribor o babor. Desea a) Bombardearlos b) Bombardearse a si mismo c) Agitar bonitas banderas.
-¡Oh, my goodness! ¡Ahora que acabamos de instalar el Windows Navy Service Pack 3, un ataque y nosotros sin rearrancar! ¡Válgame Nelson y Daniel Waterhouse!
-Clink, clink (insiste Clipy).
-(El capitán O'MyCaptain pulsa Ctrl-Alt-Del mientras se pone un flotador con un patito de goma).
-Ha pulsado Ctrl-Alt-Del. Desea a) Rearrancar ahora b) Cambiar de usuario c) Rearrancar un día de estos, cuando buenamente me venga bien d) Borrar Windows e instalar MSDOS e) Agitar bonitas banderas.
-(El capitán pulsa Ctrl-Atl-Del con insistencia)(Mientras tanto, Clipy agita con sus brazos robotizados instalados en el castillo de proa bonitas banderas).
En la tertulia Vivero de Relatos empleamos muchas tardes en escribir y luego editar el Palabrario, una recopilación de definiciones que finalmente vio la luz, editado por Traspiés. La extenuante labor de vetar o aceptar, una por una, cada una de las entradas fue la que al final acabó con mi participación en el grupo. Creo que todavía siguen por ahí, y les deseo lo mejor.
Ésta entrada, en concreto, como todo el palabrario, define algo, que el lector avispado tendrá que averiguar. Y por cierto, no sé si finalmente terminó en el libro, pero sí en mi bitácora: http://atalaya.blogalia.com/historias/16349.
Desenvuélvase la caja en forma de prisma con cuidado de no rasgar el primoroso envoltorio. Previamente se desenlazará la cinta de color fucsia. Colóquense ambos en montones separados.
1.La parte suprior y separable del prisma se denominará tapa de ahora en adelante. Sepárese la tapa del resto de la caja prismática.
2.Observe el interior de la caja. Si no se distingue nada, acerque un flexo, linterna o candil de forma que la luz lo ilumine. Si continúa sin distinguir algo llamado interior, vuelva al paso anterior. Quizás no haya quitado la tapa.
3.Debe haber tres objetos o cosas en el anteriormente mencionado, y posiblemente iluminado, interior, a saber: una hoja de papel en blanco, un lápiz afilado, y un cilindro hueco. Si alguno de ellos no se encuentra, mire otra vez. A veces el lápiz se trasconeja debajo de la hoja. Palpe, palpe. ¿A que estaba ahí?
La hoja deberá estar en blanco. Si encuentra dibujado sobre ella algo que podría vagamente parecerse a un saxofón o una jirafa, devuélva inmediatamente todo el paquete. Es un dibujo de mi Andrea, que lo andamos buscando como locos.
4.Sitúe la hoja en blanco en una superficie horizontal, que podrá distinguir fácilmente porque es una de esas en las que, una vez colocada la hoja y dejada a su amor, no se cae. Si tiene, aún así, alguna duda, coloque también el cilindro, pero no con la parte hueca pegando al papel. No se adelante, listo, que es usted un listo.
5.Coloque, ahora sí, el cilindro con la parte hueca encima del papel. Con la otra mano, enarbole usted el lápiz, y, con la parte que pinta o ensucia, según se mire, rodee el susodicho cilindro.
6.Despegue el cilindro de la hoja. Habrá logrado usted su objetivo
Lo de usar nuevos formatos es muy posmo, pero también un ejercicio literario habitual. No es cuestión de poner aquí todos los deberes, pero en este cuento hay elementos que luego usaría en mi novela y en otros muchos relatos, un tono comercial que en realidad transmiten una historia, o, al menos, unos personajes.
OLMO se vende. Es grande, con hojas en lo alto, y raíces en lo bajo. Aunque mi tía dice que es un limonero, pero es porque vio una pelota verdosa que se quedó enganchada en las ramas. Precio a convenir, pero no se incluyen los gastos de envío, porque no vamos a enviarlo a ningún sitio. No queremos que se lo lleve. Usté lo compra, paga, y lo mira, que es lo que hacemos nosotros. Bueno, y otras cosas, que no vienen al caso. Y es que me voy por las ramas, y dice mi hijo Andrés que me va a salir el anuncio por palabras por un güevo, pero hablando de ramas, esas si puede llevárselas si lo compra, pero usté mismo o persona interpuesta, no pensamos mandárselas tampoco. Y no las vendemos sueltas. Tampoco tenemos foto. Total, es un árbol. Y si le hacemos una foto y luego va mi Yesica y se sube a un pámpano y se viene abajo, ¿eh? Luego nos pedirá que la volvamos a poner, pero a mi chiquilla, quién le paga la escayola, ¿eh?. Así que mire, mejor pensao, no lo vendemos, porque total, mi Yesica se puede pasar sin la ortodoncia. Hala, a freír espárragos.
Recuerdo que este cuento lo escribí en mi Moleskine en el hall de un hotel en Mérida. No sé por qué se me ocurrió, pero es del mismo estilo que Humo, o Muebles. Lo podéis comentar en http://atalaya.blogalia.com/historias/18064.
Lo descubrí una mañana, justo encima de la ceja derecha: un lunar redondito y pizpireto. Conozco lo suficiente mis cejas y sus contornos para saber que antes no estaba allí. Pero, ignorante de los mecanismos íntimos de los lunares, no le di mayor importancia. Hasta que al día siguiente, lo vi enmedio de la sien. Y al otro, flamenqueando desde mi hoyuelo en la mejilla.
Luego, o emigró a alguna zona inaccesible a la vista o simplemente desapareció. No solo él, sino también los demás lunares: ese lunarcito, casi una peca, que tenía en el dorso de la mano; aquél irregular del mentón, justo debajo de la barbilla; y, palpándome la nalga, no percibí ninguna irregularidad donde antes había tenido otro. "Será algo que he comido" pensé.
Pero, según me iba a acostar, vi sobre una pared lo que inicialmente pensé que era una famila de arañas, pero que, al acercarme, identifiqué como una nube de lunares. Allí estaba aquel redondito y marrón café torrefacto que me apareció cierta mañana, el primero, y todos los demás detrás, moviéndose casi imperceptiblemente, todos en la misma dirección.
Eso fue ayer. Hoy ha aparecido en mi mejilla un lunar grande e irregular, como una cucaracha despachurrada, y del mismo color. Con los mismos pelos también.
Ahora espero al lunar color café. A ver si se lo lleva.
Este cuento es consecuencia de un experimento fallido: meter una biografía falsa en la wikipedia, a ver qué ocurría. Como es natural, inicialmente tuvo cierta polémica, pero curiosamente se admitió su existencia siempre que fuera dentro de un apartado especial llamado Despropositario. Este despropositario siguió evolucionando durante un tiempo con muchas otras vidas imaginarias, como la misma historia de Tiburcio Salido. De vez en cuando entraba, y si no me gustaban demasiado los cambios, lo revertía a la versión original.
Pero finalmente desapareció. No sé si consecuencia de las grandes guerras wikipédicas del 2006, o de un calentón de un bibliotecario. Me gustaría poder poner un enlace a la Wikipedia, pero sólo puedo ofrecer, por lo pronto, este: http://atalaya.blogalia.com/historias/20553
Tiburcio Salido de la Hoz nació en Vitigudino, provincia de Salamanca, el 29 de febrero de 1953. Ya de pequeño se le apreció cierta aptitud para el movimiento de las cosas, pues fue capaz de colocar su tacataca en órbita circumpolar sin que nadie supiera muy bien como lo hizo, y de trasladar la furgoneta de su tío Tiburcio, a la sazón cargada de chirimoyas, hasta la frontera andorrana, mientras su ya mencionado tío Tiburcio dormía la siesta. Posiblemente tal habilidad proviniera de una tía abuela por parte de madre, llamada, según registran las crónicas, Tiburcia, cuya habilidad de redistribuir los muebles de la casa de forma cotidiana sorprendía diariamente a su tío abuelo (el de Tiburcio, marido de ella, precisamente), hasta que un buen día todos los muebles aparecieron en el Monte de Piedad y la tía abuela Tiburcia en Madrigal de las Altas Torres. O, quizás, de su abuelo, por parte de padre, llamado Tiburcio, cuya obsesión por aumentar la cantidad de movimiento de su mula torda (llamada Tiburcia) le condujo a doparla con una mezcla de cazalla y coñá de su invención, que la hizo fallecer de cirrosis hepática, no sin antes haber alcanzado el récord de velocidad en la categoría de pesos superwelters de mulas tordas.
Sea como fuere, esta habilidad accidental fue poco a poco convirtiéndose en afición, más adelante en habilidad controlada, y, tras acabar el graduado escolar en el Colegio Nacional San Tiburcio con muy buenas calificaciones, en profesión: Mudanzas populares San Cristobalón; propietario, Tiburcio Salido de la Hoz. Lo de populares no tenía nada que ver con los precios, sino con el hecho de que lo que mudaba Tiburcio (el protagonista de esta biografía, y propietario de la empresa mayoritario y único) eran pueblos.
Porque en este mundo capitalista, para tener éxito en el mundo de la empresa hay que encontrar un nicho de mercado. Y mudanzas hay muchas, desde los humildes portes, hasta "Mudanzas Internacionales The Milk SL, Sydney, Bangkok, San Juan de Terranova, Sos del Rey Católico". Pero a los pueblos no los muda nadie. Y necesidad hay, qué duda cabe. San Serenín del Monte desea ser San Serenín de la Pradera; Tolox Costa lo único que anhela es convertirse en Cimadetolox, y todos, casi sin excepción, desean mudarse a las Canarias.
Así que Tiburcio, con los pequeños ahorrillos que juntó a base de un cambio de sitio de un Land Rover aquí, una mudanza apresurada de consorte trincado en el acto allá, se mudó a sí mismo a una oficina, puso una placa en la puerta, una gorra en la percha, y un traje sobre sus hombros, y se dedicó a ir de ayuntamiento en ayuntamiento, diputación en diputación ofreciendo sus servicios.
Que no es necesario indicar que se los rifaban. A él se debe que Écija se halle ahora en Cantabria, Soria (junto con Numancia, que tan señero símbolo futbolístico-celtíbero no podía ser separado de ella) en la Costa Azul, y Úbeda, harta del soniquete de los cerros, se encuentre justamente encima de Baeza (que, por cierto, nadie sabe ahora donde se encuentra).
Pero tanto trabajo acabó resintiendo su salud. Ya no eran aldeas y villorrios, sino ciudades y metrópolis los que querían cambiar; y, al resentirse su salud, también lo hicieron sus resultados. Cambiando de sitio a Düsseldorf, que, como es natural, quiso ir a Mallorca, se dejó un barrio entero y todas las líneas de tranvía. La desazón causada por las protestas se unió a su delicado estado de salud, y, el 11 de agosto del año del señor de 2004, festividad de San Tiburcio, desapareció y nunca más se supo de él.
Se le supone muerto, pero lo más posible es que esté solamente mudado. Los tranviarios de la ciudad de Düsseldorf agradecerán cualquier información sobre su paradero.
Otra historia inspirada por el descanso veraniego en las playas de Cádiz, que tienen de banda sonora los anuncios emitidos por megafonía del estilo de “Se encuentra aquí un niño llamado Pepito, de 45 años, calvete y con barriga cervecera. Se ruega a la familia lo recoga pronto, porque se nos bebe hasta el agua oxigenada” y el clásico viento de Levante, llamado así porque levanta la arena de la playa y consigue introducirla en entresijos corporales que uno desconocía que tuviera. No hay más que proyectarlo al futuro con efecto invernadero, y el resultado puede ser este.
Que apareció en http://atalaya.blogalia.com/historias/20736 . Seguimos con los “veinte miles”
La radiación ultravioleta y el viento iban a alcanzar valores máximos, así que era preciso pertrecharse adecuadamente para pasar el día en la playa. La crema con factor de protección 6000 era suficiente para evitar un cáncer galopante e inmediato, e incluso para detener balas de pequeño calibre, pero el viento podía ser capaz de levantar sombrillas y otros artilugios y lanzarlos a gran velocidad, así que empaqueté un generador de escudo anti-materia marca "Rodríguez y Malagón RM GTI 20V", que, aunque ilegal, era capaz de desintegrar cualquier objeto arrojadizo en milisegundos.
Por si lo que caía en el escudo era algo por lo que alguien pudiera sentir especial aprecio, escogí también los hidropatines "Náutica Páez turbo 7000", que eran capaces de situarme en aguas internacionales en pocos segundos. Como aquella vez que cayó en mis manos un rollizo bebé con bigote y estuve meditando quedármelo durante algunos instantes, hasta que aparecieron sus dos padres, que reconocí inmediatamente por el bigote. Las familias clónicas es lo que tienen, que les sacas el parecido de momento. Por cierto, que fue el mismo día que una sombrilla empaló a tres miembros de una familia simultáneamente, y se hubieran salvado, porque los robomédicos no estaban lejos, pero no pudieron ponerse de acuerdo sobre hacia donde correr, así que fallecieron allí mismo. Por eso yo llevo siempre encima mi "Descargador de memoria y personalidad Sony PersonMan", y cargado de batería, que si no luego al darte un cuerpo nuevo pierdes un par de días, o de meses, y ya la tienes liada. Menos mal que ocupa poco y además tiene radio digital via satélite y MP3. Con todo y con eso, la impedimenta ocupaba una cibermochila a la que, por cierto, le costó algún trabajo optimizar la colocación de todo; y pesaba un quintal.
Con ella cargada a la espalda dirigiéndome a la estación del tubo miraba con envidia a las familias que podían permitirse un androide multiforme que llevara sus pertenencias: acá, un grupo de tres seguido por un pollobot que cargaba con todo me adelantaba con paso presuroso; acullá, un grupo de una docena de clones de edades escalonadas cargaban sus chismes en un multibot todoterreno. Yo resoplaba bajo mi carga, y ni el generador climático portátil "Toharia THX3 Plus" que había cargado en el último momento podía impedir que sudara.
Como era de esperar, el servicio de vigilancia perimetral playero detectó y me confiscó mi generador de antimateria al acceder a la playa; menos mal que había disimulado dentro del tubo de la sombrilla un láser de varios gEV, porque ir a la playa indefenso tampoco es plan; además, el color azul verdoso que nos da la crema protectora me hace destacar demasiado. Tenía que haber metido también un distorsionador de campo visual, el que regalaban hace dos domingos con el periódico, pero la cibermochila seguro que habría protestado.
El ligero fastidio que eso me produjo no me impidió disfrutar de mi rato en la playa. Activé el detector de bellezas de mi omniordenador de pulsera (un Casio que me compré en Andorra) para no tener que estar en plan Terminator todo el tiempo. El omniordenador me avisaba susurrando: "Maciza a las 5 en punto" o "Cachas a las 11", y no tenía más que levantar la cabeza imperceptiblemente para captarlas en todo su esplendor. O no, porque se quedaba grabado y podía verlo más tarde, aparte de darme algún beneficio al ponerlas en Internet, no mucho, porque todo el mundo hace lo mismo y, además, lo que se lleva este año son las bellezas tahitianas y tamiles, más exóticas, donde va a parar. Me hice una nota a mi mismo: invertiría los beneficios de lo que sacara bajándome algo de eso. Aunque no creo que me llegue.
Pasé así la tarde, viendo surgir pústulas de la piel de turistas desprevenidos, que no se habían puesto protección; ya lo he dicho, mínimo 3000, y el doble si eres de piel sensible; bañándome lo justo. Hubo una pequeña conmoción cuando surgieron no se sabe bien de donde un grupo de personas vestidas con trajes de baño que abarcaban del cuello a los tobillos. Se reunieron, dieron unos cuantos gritos que parecían reivindicativos, se dieron un chapuzón, y desaparecieron como habían venido. Una manifa instantánea: sólo había que añadir agua. Su marcha fue acompañada de las murmuraciones (y mensajes en mi omniordenador) de toda la playa: "Habráse visto..." "¡Vestidos! ¡Como en el siglo pasado!" "Que se vayan a su zona y no molesten" "Y ni siquiera piensan en los niños..."
Por mi parte, grabé todo, porque el fetichismo textil tiene sus adeptos, y se paga mejor incluso que lo otro. Pero casi no tuve tiempo, porque por megafonía se emitió un anuncio:
-Se encuentra en la caseta de socorro un androide marca "Gutiérrez e Hijos" modelo "GH202" que dice llamarse Alfredito y haber perdido la conexión con sus controladores y parte de la memoria. Se ruega por favor a los mismos que se dirigan a esta caseta.
Un androide... lo que yo siempre he querido. Inmediatamente mandaron también las imágenes a todos los omniordenadores; no era multiforme, y más bien tirando a retaco, pero parecía robusto. La cara en su pantalla facial tenía una expresión de desorientación, como de recién arrancado.
Tenía que ser mío. Me dirigí inmediatamente hacia la caseta, donde estaba siendo atendido por un técnico informático, que trataba de recuperar su memoria, y dije que era mío.
Ahora vive conmigo; me ayuda, y no conoce otro controlador que yo. Eso sí, he tenido que dejar de ir a la playa.
Otro relato que me vino de un sueño, o no sé muy bien de qué, y que apareció también en “Distancia Corta”, aparte de en Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/23884.
Creo recordar que procede también de un ejercicio: uno de esos en los que hay que usar cinco palabras, o comenzar de una forma determinada. No importa demasiado, sigue siendo uno de mis relatos preferidos. Por cierto, quizás merezca la pena indicar que O2 es la molécula de oxígeno.
El primer café de la mañana no logró quitarme la extraña sensación que me había dejado una noche sin sueños. Es más, viniendo de camino hacia este bar la sensación fue a más: una luz blanca, en vez de los dorados reflejos de la mañana, lo invadía todo.
Además, el camarero paracía haberse vuelto loco, lo había cambiado todo. Donde antes había un jamón, ahora colgaba un cartelito blanco que decía, efectivamente, jamón, en letra bien clarita. Las tapas de panceta, las cucharas, los cuchillos, nada estaba en su sitio. Sólo cartelitos blancos. Además, el propio camarero había desaparecido después de ponerme el café.
Encendí un cigarrillo para calmarme, paladeando la idea de una copa para calentarme antes de ir al trabajo. Pero chupé y chupé hasta que la colilla chocó con el paladar sin que de su extremo se desprendiera ni un poco de humo. Sólo un papelito, apenas un copo, donde un trazo delgado como un cabello decía humo.
Salí a la calle. No había nadie, sólo docenas de folios con nombres escritos, agitados por el viento. El cielo seguía blanco, pero ahora, escrito en él se leía claramente, en letras incandescentes, Sol. Me asfixiaba. A mi alrededor llovían papelitos redondos que decían O2.
A veces tienes una idea en la cabeza y le das vueltas durante mucho tiempo, hasta que finalmente das con la forma adecuada. Que no sé si es la que tiene este relato; quizás se le podría haber sacado mayor partido.
O quizás no, a veces las ideas hay que ponerles el mínimo ropaje para que se conviertan una historia y conseguir el efecto deseado. La tenéis en http://atalaya.blogalia.com/historias/22852 .
-Que no te concedo un deseo, cojones.
-Pero, vamosaver, esto no funciona así. Tú eres un genio, eso es una lámpara, y ya sabes lo que hay.
-Lo que hay es que yo soy de un planeta en la quinta galaxia, eso es una nave espacial, y me han exiliado a la Tierra, pa que te enteres.
-¡No jodas! Entonces, los genios...
-Gente de mi planeta que hace estudios de mercado para otros planetas. Los tres deseos de todo el mundo se tabulan, se procesan, se machacan, y se venden.
-Pero bueno, si los deseos se conceden...
-Ya sabes aquello de "Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada...".
-Pero, vamosaver, ¿y a ti por qué te echaron?
-Bueno, un día me encontré una lámpara maravillosa...para acortar la historia, digamos que me condenaron por filtración de información.
Las nuevas tecnologías acaban convirtiéndose en apéndices de uno mismo, y cuando nos las arrebatan, dejan las mismas sensaciones que un miembro fantasma. Salió en http://atalaya.blogalia.com/historias/29600 . Cuento dedicado a todos los que alguna vez se han llevado la mano al bolsillo diciendo “Parece que me han llamado”.
Q. era parte de su móvil, como rabo de lagartija mutante excretado desde alguno de los orificios de su carcasa alingotada. Y, como tal, Q. era mimado. En los momentos bajos, un trémulo aviso, una llamada cantarina, lo sacaban de su postración. No se podía entender al móvil sin Q.
Pero incluso los progenitores más posesivos entienden que cada cual tiene que vivir su vida, y el móvil, un buen día, se desprendió de Q. con un esfuerzo no exento de violencia. Q. no notó su ausencia hasta que, en un momento de euforia, intentó compartirla con R. Y no pudo. Y R. tampoco pudo compartir nada con Q.
Pasó el tiempo. Q y R estaban juntos cuando Q se echó la mano al bolsillo. Una vibración lo avisaba de una llamada y lo libraba momentáneamente de su aburrimiento. Pero el móvil de Q. no estaba allí.
Fue el principio de otros muchos zumbidos, politonos y timbres diversos que Q sentía en diferentes partes de su cuerpo, todo el día, a todas horas, mano tratando de alcanzar al expectro que los causaba, intentando parar el cosquilleo y averiguar quién había al otro lado de la línea.
Un día, al sentir el zumbido próximo a su tetilla derecha, Q contestó
-¿Quién es?
Y la vibración cesó. Y Q. escuchó.
Desde entonces, usa siempre el manos libres activado por voz. Y es un ciudadano más.
Otra historia para el palabrario, que tampoco sé si apareció en la versión definitiva del mismo. Define una palabra o concepto, aunque me temo que en este caso es demasiado evidente.
Apareció en Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/34808.
Ya sabes lo que hay, Jiménez - le dijo el jefe colocando la mano, casi tiernamente, sobre su hombro.
-Yo todavía sirvo, jefe - dijo Jiménez, alzando la vista.
-¡Claro que si, chavalote! ¡Y servirás! Mañana, ¡todo el día calentitos gracias a ti!
-¿Pero no podría quedarme, no sé, a enseñar a los nuevos?
-Podrías, podrías, Jiménez, pero no cabes. Ni aquí ni en ningún lado. ¡Hay que hacer sitio a las nuevas generaciones! - le dijo, mientras lo dirigía hacia una habitación algo lóbrega y más caliente de la cuenta.
-No sé... a mi padre cuando cumplió 65 le regalaron un alfiler de corbata y luego se fue a Benidorm.
-Que si, Jiménez, que si, pero en aquella época Benidorm no tenía dos millones de habitantes. ¿Prefiere desnudarse?
-No, da igual, total...
Sus últimas palabras se perdieron al cerrar la puerta del crematorio.
Compartir es bueno, y yo lo hago con frecuencia. Pero no todo el mundo lo hace con esa misma asiduidad, lo que provoca que si tardas un poco más de la cuenta en bajarte un episodio de una serie (treinta años, por ejemplo), quizás no haya suficiente gente compartiéndolo y tarde bastante, porque tienes que esperar que llegue tu turno en muy pocos ordenadores, y se tarde.
Este es también verídico, como casi todos los demás. Y está en http://atalaya.blogalia.com/historias/37164
-Abuelo, ¡ya llegó!
-¿El qué, el qué?
-El episodio de los Roper ese que tenías puesto en la mula en el ordenador que le regalaste a mi padre cuando acabó la el instituto.
-Si. ¡Lo sabía! ¡La paciencia tiene su premio! ¡Y se reían de mi cuando lo dejé en la cola a pesar de que el tiempo estimado de llegada era 5000 días!
-Sólo que...
-¿Qué?
-No, que está en húngaro con subtítulos en armenio. Pero no pasa nada, le he pasado una IA para traducirlo, y he hecho un remake con figuras de Lego. Ahí te lo mando...
Agruparé aquí a una serie de relatos de tipo mockumentary, o falso documental (¿brocumental? ¿docubroma?). Usándo este estilo, puedes contar casi cualquier cosa, entrevistar a los protagonistas y desarrollar una idea que, de forma puramente narrativa, quizás quedaría artificial.
El primero está dedicado a Mariam (o Maryam) Abacha. Si llevas cierto tiempo en Internet es muy posible que hayas recibido algún mensaje de este personaje (http://en.wikipedia.org/wiki/Mariam_Abacha), viuda de un dictador nigeriano, totalmente genuina, pero elevada por la Internet al estado de mito, ahí al lado de Kibo y el creador del smiley. Podéis meteros a comentarlo en http://atalaya.blogalia.com/historias/33346
Y el segundo, seguramente provocado por alguna tropelía de la SGAE, quitándole el pastel de cumpleaños a un niño como cobro por cantar Cumpleaños Feliz, por ejemplo, sigue el mismo estilo, pero cambia de protagonistas, sin dejar el medio natural, que es esa Internet de nuestros pecados. Está en http://atalaya.blogalia.com/historias/39945
Según fuentes nigerianas generalmente bien informadas, Maryam Abacha, viuda del dictadordirigente Sami Abacha, ha decidido retirarse del negocio de, er, del negocio.
-Mis dedos ya no son lo que eran - declaró - teclear me cuesta cada vez más trabajo.
Sentada en un sillón de Ikea adquirido en eBay con las ganancias de sus, er, negocios, Myriam Abacha se considera satisfecha con el trabajo realizado.
-Cuando yo empecé, apenas éramos yo y mi módem de 2400 baudios frente al mundo. Hoy en día tengo más ancho de banda que la Campus Party, pero somos más y cada vez hay menos panolis, esto, clientes - dice, con un visible gesto de cansancio. -Pero me satisface ver que nuestro ejemplo ha cundido - dice, refiriéndose posiblemente a todos los familiares, hijos, nietos, amigos de confianza, y demás relaciones sociales que continúan su labor. -Aunque están acabando con el negocio. Ya ni siquiera contratan a jóvenes nigerianos. Subcontratan a chavales laosianos y nicaragüenses, que hacen lo mismo con menos faltas de ortografía y cobran diez veces menos. ¿Qué va a ser de la juventud nigeriana? - dice, indignada.
La dejamos escuchando su iPod a la vez que juega al julepe en un casino de las islas Vírgenes por internet. Saludos, Maryam, y que disfrutes de tu retiro dorado.
Una noticia acaba de salpicar a nuestros teletipos: la POLLAA (Porno Organización de Lindos y Lindas Actores y Actrices), entidad de gestión de derechos de autores y editores de la industria porno/erótico/festiva, acaba de lanzar una OPA hostil a la SGAE.
-Ellos se llevan la fama, y nosotros somos los que cardamos la lana - afirma Eduard Ura, uno de sus portavoces - todo el dinero del canon se lo llevan ellos, cuando en realidad, lo que se graba en los CDs es lo que hacemos nosotros.
Un estudio financiado por la POLLAA, que ha examinado aleatoriamente 3 discos duros demuestra que, en un disco duro típico, hay aproximadamente un 55% de espacio dedicado a productos producidos por asociados y defendidos por la POLLAA, un 33% de espacio dedicado a películas y series de estreno, que, en realidad, también son productos producidos por asociados a la misma, y el resto, diferentes versiones de los 6 episodios de la Guerra de las Galaxias.
-El canon, para quien se lo corre - destaca Gina Minina, conocida por sus éxitos "Gina does the Middle East" 1 al 15. - a quien verdaderamente perjudican esos piratones es a nosotros. Fíjese, fíjese - nos dice, mostrándonos unos apéndices mamarios corniveletos - ¡ni siquiera he podido pagarme la operación completa!
La SGAE, a su vez, contraataca con sus propios estudios, que afirman que, en realidad, la presencia de esos productos es irrisoria, y que sus propias estadísticas prueban que, en realidad, el 50% de los dos discos duros que ellos examinaron contienen las obras completas de Ramoncín, sus intervenciones como tertuliano en "Moros y Cristianos" y en el "Viña Rock", y el resto, los grandes éxitos de operación Triunfo.
-Mentira, todo mentira - replica Eduard Ura, mostrando que, en realidad, los ficheros que supuestamente contienen las tertulias son un fake que contiene el éxito "Aleluya, aleluya, cada uno con la suya"
Ambos portavoces afirman que, tras el éxito de la OPA, las cosas van a cambiar como de la noche al día. Para empezar, exigirán canon a todos los telediarios cada vez que aparezca una teta en los informes sobre los calores veraniegos y el estado de las playas del levante; también cada vez que algún presentador dicharachero exhiba sus partes pudendas. En cuanto al canon sobre CDs, no sólo lo van a rebajar a medio céntimo de euro, sino que, además, con cada compra de CD o DVD canonizado (es que son irónicos, estos muchachos) se regalarán participaciones a rifas de noches, ratitos y simples roces con los asociados a la POLLAA, diferentes productos audiovisuales y besitos lanzados desde lejos.
Por su parte, el público espera ansioso y expectante el éxito de la OPA. Se han convocado manifestaciones de apoyo en las sexshops y en los restaurantes chinos de todas las localidades de la geografía hispana, que no tienen nada que ver, pero no en todos los sitios hay sexshops, caray.
Una pequeña e inútil rebelión (como casi todas) ante la invasión de teleoperadores que te ofrecen cosas que no necesitas. Quizás si hubiera penas de cárcel a quien efectivamente le adquiera algo, podría solucionarse. Pero no, ahí siguen, insistiendo a la hora de la siesta, a sol y a sombra...
Los comentarios en http://atalaya.blogalia.com/historias/43441 también tienen su gracia.
La segunda es una pista extra que apareció en http://atalaya.blogalia.com/historias/49993 Como es chiquitita y no cambia el tema, la coloco aquí mismo.
-Le habla el servicio de atención a la peña y demás interfectos de Patxi Storra. Si se trata de un teleoperador, diga en voz alta qué servicio u oferta extraordinaria quiere ofrecerme y luego calle respetuosamente. Si se trata de mi madre, sí, ya me he lavado las orejas y cambiado la ropa interior. Si es el Gorka, que sepas que el Real Unión de Irún ha ganado más copas que la Real Sociedad, y que no me vas a convencer de lo contrario. Si es mi churri, puedes prorrumpir en besitos y demás manifestaciones de cariño después de la señal. Para cualquier otro asunto, espere...
-...
-(Suena "y cien gaviotas dónde irán...") Su tiempo es muy importante para Patxi. Actualmente se hayan ocupados todos nuestros operadores (el Patxi y su primo). Rogamos permanezca a la espera....
-...
-...(Suena "el ritmo del garaje") Todos nuestros operadores se encuentran todavía ocupados. ¿Sabía que Patxi fue campeón de traineras en el equipo del instituto? Puede adquirir sus memorias "Patxi, 1998-2006 Volumen 1 Tomo 2" pidiéndoselas a él directamente cuando pueda ponerse...
-...
-Su tiempo es muy importante. Pero el de Patxi lo es más. Así que va a ser que no puede ponerse. Deje su mensaje, y Patxi, si buenamente quiere, le llamará o esperará que usted se canse y vuelva a llamarlo. Deja el mensaje cuando suene la señal. (Suena "Deja yá el mensaje, andalaostia")
-Le habla el hablador automático de su compañía de telefonía móvil favorita, Movifone. Le comunicamos que vamos a cambiar de nombre y de colorín, y que, como oferta especial, le ofrecemos una inversión de su número de teléfono o un número mayor de sietess en su número por sólo un euro. Si le interesa lo primero, marque el uno. Si le interesa lo segundo, marque el dos. Si no le interesa nada de eso, usted se lo pierde. Permanezca a la espera.
-Le habla el bot telefónico de Patxi. Me has seducido con esa voz, chati, eres lo más sensual que he oido en el ciberespacio. ¿Qué haces cuando acabes de trabajar?
A principios del año 2087, los obreros tratando de abrir un nuevo bulevar en la ciudad de GranadaJaénMálaga se sorprendieron al hallar un esqueleto humano que sostenía entre su omóplato y el hueso malar lo que años atrás había sido llamado teléfono. Mayor aún fue su sorpresa cuando, al tomar el teléfono (con el desmontaje esqueletal correspondiente), oyeron al otro lado de la línea:
Todos los operadores están atendiendo llamadas. En unos minutos te contestáran. Por favor, permanece en la espera para no perder la prioridad
Esta historia, si se rasca un poco, tiene cierto contenido político, y quizás sea también una de las primeras de este tipo. Posiblemente se originaría por alguna ley que obligaría a decir las cosas de una forma determinada y no como las suele decir la gente, tomada posiblemente de 1984. Así que cuenta también como rebelión ante el poder, también chiquitita, y también inútil, pero espero que más divertida que quemar contenedores o arrojar cojinetes de bolas.
La tenéis en http://atalaya.blogalia.com/historias/45055
Érase que se era un país muy lejano donde hace mucho, mucho tiempo, vivían felices todas las palabras. Juntas, pero no revueltas, en bellas casitas con forma, unas, de periódicos de ayer, otras, de recetas de la seguridad social, y, las más, forma oblonga de bocadillo con un extremo puntiagudo, que era, precisamente, por donde entraban.
Las palabras vivían y morían en su propia república. Un día aparecía, con su pelo cortado a cepillo, la palabra tronco y todas las demás palabras la aceptaban, felices. Otro día dejaban de ver a balarrasa, o a vuecencia, con su bonita gola, pero nadie las echaba mucho de menos. Alguna buena mañana, bombín salía de su bocadillo y ya no era un sombrero, era parte integrante de la familia cerradura, y no se separaba de ella.
Pero sucedió que un buen día, hubo una gran conmoción. Unas hordas invasoras vestidas de impreso oficial y con muchos sellos y pólizas de 0.50 euros, aparecieron no se sabe muy bien desde dónde. Y juntaron a todas las palabras en la plaza principal de la capital de la República, que se llamaba la Plaza del Esternocleidomastoideo, palabra que, por su longitud, era muy respetada por las demás.
Pusieron a todas las palabras en fila, lo que resultó difícil, porque las palabras suelen mezclarse unas con otras y confundirse todo, pero lo que una horda invasora vestida de impreso con timbres y con una despedida de "es gracia que espera alcanzar" no consiga, no lo consigue nadie. En cada fila, el cabo furriel de la horda invasora iba poniendo sellos a cada una de las palabras. A una le ponía un sello cuadrado, a otras redondo, a otras uno muy bonito de los Emiratos Árabes, y eran las palabras más envidiadas.
La horda desapareció pronto, pero los sellos se quedaron. Al principio, todas las que tenían un sello con forma de tetera (del Ikea) se sintieron un poco avergonzadas. Todas las demás palabras las miraban, y murmuraban algo que sonaba a pitido o quizás a un hervor o posiblemente sólo la palabra infusión dicha con mucha paciencia.
Pero hete aquí que pasó el tiempo, y los sellos se fueron borrando. Y llegaron otras palabras, y algunas, como chanchi se volvieron pequeñitas, pequeñitas, hasta que desaparecieron. Y la república de las palabras siguió su curso.
Esta es una historia de la vida cotidiana, una vez más. Exagerada, pero sólo un puntito, porque los Reyes Magos existen, pero cada vez parece más que recogen sus juguetes en el Ikea.
La historia http://atalaya.blogalia.com/historias/45724 se publicó además un 25 de diciembre, así que el contexto no hace falta explicitarlo demasiado.
Por cierto, be prepared significa estad preparados, y es el lema de los scouts. Aquí, en mi época, no sé si se tradujo como “Siempre listo” o algo así.
-¿Pilas?
-Pilas
-¿De todos los tamaños?
-A, AA, AAA, y no sé si B triple B y GTI 16 válvulas.
-Si empezamos con el cachondeo, lo dejo....
-Venga, va.
-¿Herramientas?
-Navaja del ejército suizo, destornillador estrella y plano (dos tamaños), llave inglesa, tijeras y cizalla.
-¿Cinta adhesiva y pegamento?
-Señor, sí, señor.
-....
-Que si, que venga...
-¿Contenedor de reciclaje?
-Correcto.
-¿Teléfonos de atención al cliente diversos?
-Si, y el 112.
-¿Regalo de emergencia por si la insatisfacción?
-Check.
-Vale, está todo. Venga, dile a los niños que ya ha venido Papá Noel.
Una pequeña historia en forma de manual de instrucciones. Quizás llamarlo relato sea llevar las cosas un poco lejos, porque no tiene planteamiento, nudo y desenlace, pero está escrito, y se puede leer, así que, bueno, ahí está.
De estos veréis más un poco más adelante, pero éste se publicó aquí: http://atalaya.blogalia.com/historias/47978
¿Necesita espacio en su disco duro y no sabe de dónde sacarlo? BlandoSoft, siempre atento a las necesidades de sus clientes y clientas, presenta una nueva versión de su software de inteligencia artificial (antiguamente llamado BotBorró (antiguamente llamado RoBotBoó)) de optimización de espacio del ordenador, cosa necesaria para toda persona y bicho viviente (PYBVTM) con tecnología Busco Sitio Donde No La HayTM (BSDNLH), que, entre otras, incluye las siguientes mejoras:
•.Opción "No me borres el directorio secreto de porno, por Dióssss" activada por defecto.
•.En vez de borrarse ficheros completos, ahora se borran cachos de ficheros que no se usan: la parte de las fotos que incluye a ese señor que siempre pasa por delante o a la suegra o las fotos enteras que ha tirados el niño
•.La tecnología "Esa Peli No Mola" busca en Rotten Tomatoes, y elimina directamente las películas descargadas con un tomatómatro por debajo del 50%. Del resto, elimina frames o las partes esas de rollete amoroso que no te interesan.
•.La tecnología DesparramOut ahora busca más espacio en: la memoria de pantalla (si ve puntitos de colorines en ella, no reajuste el monitor, es su declaración de Hacienda de 2005), el disco duro de vecinos con el WiFi abierto, la banda magnética de tarjetas de crédito que tenga cerca, el chip que controla su marcapasos, y las cintas de cassette con carátulas de Georgie Dann y Raphael. Si su Aibo de repente empieza a enumerarle la hoja de cálculo de las ganancias de su empresa, no se asuste, a veces ocurre como efecto secundario.
•.Si tiene la opción DesparramaSpam activada, los ficheros sobrante serán enviados a sus contactos de la lista de correo, con un mensaje que indique "Anda, paaayo, guárdame esto, que no me cabe en mi disco durooooo"
•.El programa ya no se borra a si mismo junto con el resto del disco duro si el espacio libre disminuye demasiado.
•.La tecnología "Dame argoooo" ahora crea automáticamente una página web petitoria que solicita donaciones para que el propietario compre discos duros
Esperamos que la nueva versión sea de su entera satisfacción. Aquí estamos para lo que guste mandar. Este mensaje se borrará automáticamente, para ahorrar sitio, en los próximos 15 segundos.
El contexto de esta historia eran las absurdas votaciones a las próximas siete maravillas del mundo a las que representantes políticos, gente del mundo de la farándula, y desocupados en general se lanzaron con entusiasmo, dejándose las pelas en mensajes SMS que fueron a engrosar las arcas, ya de por sí engrosadas, de un millonario suizo.
Encima, la Alhambra no ganó, dita sea, tenía que haber mandado 7000 mensajes más. Pero tiene muchas lecturas, como indican los comentarios aquí: http://atalaya.blogalia.com/historias/49634
Érase que se era, hace muchísimo tiempo, cuando las sandalias eran obligatorias y las maquinillas de afeitar todavía eran de una sola hoja (si acaso), surgió un comité para tomar una decisión sobre los mejores mandamientos de la historia. Porque mandamientos ya había, de todos tipos y colores, mandamientos que prohibían, permitían, y dejaban según y como y qué día de la semana. Pero, ¿eran los mejores?
Pues no, porque la gente andaba muy descontenta con ellos, y se los iban dejando por ahí, y luego estaban todo el día diciendo ¿dónde andarán estos mandamientos? Así que un comité de sabios fue elegido, que era como en aquella época se decía "les cayó el marrón", para decidir los mejores mandamientos de la historia del mundo mundial.
Así que se encontraron, de buenas a primeras, con más de 400 mandamientos. 401 para ser exactos, pero es que en aquella época, a exagerar no les ganaba nadie. Como cuestión de orden, uno de los sabios, el que tenía los dedos gordos del pie más gordos y era por tanto el más respetado, dijo que la mejor forma de proceder era tomar todos los mandamientos por parejas, e ir decidiendo cuál de cada pareja era mejor. Luego harían lo mismo con los que quedaran. A este procedimiento filosófico lo llamaron en arameo "championslig", que viene a significar en lengua moderna "cosa eterna y que dura mucho y que siempre gana el Liverpool a los penalties".
Estuvieron aproximadamente 401 horas discutiendo la cuestión de orden, y decidieron proceder de otra forma por el método expeditivo de cortarle los dedos gordos de los pies al sabio susodicho, lo que causó una pérdida de respeto inmediata y el consiguiente rechazo de la moción. La nueva forma decidida fue la siguiente: todos los habitantes del mundo mandarían un TMT (tam tam) con tantos golpes como el número de mandamiento que eligieran. Si oían um TMT consistente de tam, sería el primer mandamiento el elegido. Si era tam y luego tam, el segundo. Si eran 399 tams, el trigésimo cuarto (en realidad, en la antigüedad sólo sabían contar hasta 34).
¡Albricias y pan de Madagascar! Todos los antiguos se congratularon, bailaron, hicieron libaciones y sacrificaron 401 zorzales. Y esperaron que los TMTs llegaran.
La compañía fabricante de tams tams se frotaba las manos. En realidad, al décimo tam habría que cambiar de tam tam, porque sólo estaban garantizados para tan exiguo número. Por eso en la antigüedad se comunicaban poco, y eran más bien bestias.
Pero su gozo cayó en un pozo. Junto con muchos tams tams. En realidad, ganaron los mandamientos 11 al 20, porque los ricos y desocupados decidieron apoyarlos, y eran los únicos que podían permitirse tener 2 tams tams, con los que, sucesivamente, tamtameaban (no personalmente, claro; lo hacía el ujier tamtameador) el 13, el 15 o el 19. También tres, pero tampoco era cuestión de caer en tanto dispendio por un mandamiento de más o de menos. De camino, fue elegido el primero, así que por este expeditivo y sabio procedimiento se eligieron los 11 mandamientos más chanchis del mundo mundial, y todo el mundo siguió haciendo mayormente lo que le vino en gana.
El GPS es ese maleducado que interrumpe todas las conversaciones dentro del coche, justamente en el momento más inoportuno. ¿Cuánto decías que me querías? Gire usted a la derecha. Papi, ¿cuánto queda?. Tras la rotonda, tome la tercera salida. ¿Hoy comemos melón o sandía? Continúe por el carril derecho. Sin embargo, qué sería de nosotros sin ellos, cuando nos adentramos en los procelosos laberintos urbanos y comarcales sin señalizar. Tendríamos... tiemblo de pensarlo... ¡que bajar la ventanilla y preguntarle a una persona humana!
Corresponde más o menos, efectivamente, a la época cuando me compré el chisme: http://atalaya.blogalia.com/historias/50643. Por cierto, Mari Pili es el nombre cariñoso con el que toda la familia nos referimos a esa criaturita que nos habla desde el salpicadero.
-Dentro de dos kilómetros, gire usted a la derecha.
-Que no, Mari Pili, que este es un atajo, que me lo ha dicho mi cuñao. Ya verás, ya...
-Dentro de 1 kilómetro, gire usted a la derecha.
-Y dale. ¿Que no ves que se va muy bien por aquí? Mira, ahí hacen unos churros de muerte, me voy a parar...
-Dentro de 200 metros, gire usted a la derecha.
-Pues mira, no es mala idea
-A un kilómetro, haga un cambio de sentido, y luego gire a la izquierda.
-Joeves, Mari Pili, que me acabo de parar a jiñar hace un momento, ¿otra vez quieres que dé la vuelta?
-Ha llegado usted a su destino. Por favor, vuelva a empezar y gire usted a la derecha cuando yo le diga o la próxima vez le va a guiar el camino su santa madre.
-Mari Pili, como estés en garantía te juro por la gloria de esa misma santa madre que te devuelvo al Carrefú.
Este debió coincidir más o menos con las elecciones municipales, pero la verdad es que podría haber sido después de cualquier elección donde la gente vote algo, o convocatoria pública masiva. Lo razonable sería que los votos estuvieran explicados, y que se pudiera votar a favor, en contra, e indiferentemente. Que luego pasa lo que pasa, tu voto (o ausencia del mismo) lo coge quien le da la gana y hacen con él verdaderos estropicios.
Aquí queda mi aportación a una profundización en la democracia: http://atalaya.blogalia.com/historias/49796 .
Exultante, Ñigo Ñíguez, líder indiscutible del Partido Bisagra, se asomó al balcón de la sede de su partido, rodeado angularmente por sus adláteres y adláteras.
-¡Hemos ganado!
Un clamor agudo y tintineante subió desde la calle, donde bisagras de todo color (metálico) batían sus lados en un remedo de aplauso. Múltiples destellos, milimétricamente lanzados desde Producción, se reflejaban en ellos y en Ñigo Ñíguez, que, para la ocasión, lucía un clavel en uno de sus orificios.
-¡Ciento cuarenta concejalías de urbanismo! - que fue coreado por un grito sincronizado de "¡Bien!"
-¡Cuarenta y ocho concejalías de festejos! - "¡Bién!"
-¡Dependen de nosotros ochocientas veinticinco alcaldías del Partido Puerta! - Grito indistinguible. Podría ser "Bieeeee".
-¡Y setecientas ochenta y tres del Partido Umbral! - "¡Buuuuuu!"
-¡Pero eso no es lo mejor! - siguió Ñigo, que siempre hablaba como si estuviera en un chat. Subió de abajo un "¿No?" sorprendido.
-¡Hemos obtenido más votos que los carcas del Partido Gozne! - Aquello fue ya la hecatombe. Volaban virutas metálicas, sonaban chirridos de placer, más destellos salpicaban todo el entorno. (Nota del narrador: el Partido Gozne se situaba en el mismo espacio ideológico que el Bisagra, es decir, ideología nula, pero eran más antiguos).
A partir de ahí, corrió el 3 en 1 a raudales. La celebración se extendería hasta altas horas de la madrugada.
Volvemos a la sátira, esta vez en forma de publicación en el BOE, esa revista tan apasionante, y de la que pocos españoles nos escapamos. Todavía he sido incapaz de leer un artículo desde principio al final, me provocan una especie de urticaria mental. Por cierto, esto del carnet de vivir por puntos creo que lo han reinventado (igual que imagino que yo hice) en un programa de radio matinal, pero no recuerdo cuál.
Lo puedes comentar en Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/51501.
El Ministerio de La Salud y Buenas Costumbres, tras observar que entre los vivos se produce una tasa de mortalidad cercana al 100%, ocasionando todo tipo de gastos de curación, pensiones, y finalmente espacio de enterramiento de cuerpo presente, o bien contaminación y contribución al efecto invernadero de la incineración, ha instituido el Carnet de Vivir por Puntos. Cada ciudadano recibirá 50 puntos cuando nazca; diferentes acontecimientos vitales que pongan en peligro el buen funcionamiento del estado comportarán la disminución de un número determinado de puntos. Finalmente, cuando se llegue a 0 puntos, el ciudadano será volatilizado usando un laser de neodimio, o bien convertido en Soylent Green, según conveniencia de este ministerio. Las siguientes infracciones comportarán extracción de puntos:
•.Nacimiento, un punto.
•.Cruzar la calle sin mirar, 5 puntos.
•.Salir de casa todos los días, un punto. Se aplicará anualmente.
•.Ser aficionado a un equipo que no gane sistemáticamente la liga, 1 punto.
•.Tener relaciones sexuales con cualquiera, incluido uno mismo, 2 puntos.
•.Poseer, viajar, mirar o situarse a menos de 100 metros de un vehículo de motor, 1 punto.
•.Practicar el bricolage, 10 puntos.
•.Tener trabajo fijo 1 punto, eventual, 5 puntos.
Con esto, el MLSBC espera disminuir la tasa de mortalidad de esta nuestra patria, o, en su defecto, aumentar los ingresos de la Hacienda Pública. Recuerde, ciudadano, Hacienda somos todos.
En esta ensalada de edictos, instrucciones para alcanzar estados superiores de consciencia, y anuncios por palabras, no podía faltar una receta, y de dieta mediterránea además. No hacer a menos que realmente pienses comértelo, que da penica tirar comida, hombre.
Puedes añadir tus truquis en http://atalaya.blogalia.com/historias/51796
Ahora que me estáis escuchando, os voy a explicar de-ta-lla-da-men-te como se hace un empedraíllo. Sólo hay una forma de que salga bien un empedraíllo, y esa forma es la que os voy a contar.
Empezaremos por lo más importante: la olla. Sin olla, la mayoría de las recetas de olla, incluso todas, vienen saliendo mal. Pero no puedes usar una olla cualquiera. Tienes que usar la mejor olla, o si no la tienes, la menos mala, para el empedraíllo. Si usas otra cualquiera, qué se yo, la olla que sea buena para las papas en caldo, puedes tener serios problemas. Se te puede morir un pollo perdiz, por ejemplo. No sería la primera vez.
No menos importantes son las sillas. Una mala silla puede estropear un empedraíllo. Porque, vamos a ver, ¿dónde se sienta la gente que se está comiendo el empedraíllo? En la silla. Si la silla es, pongamos, radiactiva, a la gente se le empieza a caer el pelo y salir bubas y lo pone todo perdido y resulta muy desagradable. El contador Geiger es, por esta razón, imprescindible en la panoplia de herramientas de un buen cocinero.
¿Y el azafrán? Qué os voy a decir yo del azafrán que ya no sepáis. Pues esto: que no me hablo con él. Ni con vosotros, si es que preguntáis la razón. Así que callandito, y a comer empedraíllo, si es que toca empedraíllo. Que suele tocar en las siguientes fases de la Luna: cuarto creciente, luna llena, y menguante pero sólo si está en concentración con Venus. No os preocupéis, os paso una página web de la NASA que viene todo muy bien. O el teléfono de la pitonisa Juanita. No tiene ni idea de las fases de la luna, pero tiene buena memoria para las páginas webs, ella os lo dirá si se os olvida.
Finalmente, los comensales. Los comensales tienen que ser elegidos cuidadosamente a la hora de hacer un empedraíllo. Los empedraíllos son muy suyos, tímidos, pero reconcentraos, y si se encuentran con un comensal inadecuado se pasan, o le salen grumos, o, de repente, le sale un bicho a las lentejas. Así que evitad especialmente los siguientes: conductores de autobús, cazadores colegiados de topillos, y, creo que no me olvido de nadie, personas que crean en la metempsicosis. Esto es por ellas, porque miran cada lenteja y ven en ella a su recientemente fallecida abuela Nicasia.
No creo que me falte nada. ¿Alguna pregunta?
¿Que si puede haber monjas budistas? ¿No te he dicho que no habláramos del azafrán?
No cabe duda de que el correo electrónico ha traído gozo y eficiencia empresarial, pero también es cierto que hay otras muchas cosas que no son correo electrónico, y que pueden tener muchas ventajas frente a él. Por ejemplo, los camaleones. Hay cosas que un camaleón puede hacer (camuflarse en el tronco de una palmera, por ejemplo), que un a un correo electrónico le resultan prácticamente imposibles.
De estas reflexiones (y posiblemente de un aniversario de esos con los que nos dan la lata los noticiarios continuamente) surge este artículo de Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/58684
A pesar de las innumerables ventajas que desde hace 30 años (y pico) viene disfrutando el correo electrónico, la ancestral chancla es un método muy superior para transmitir información textual a cortas y medias distancias. Por las siguientes razones:
•.Una chancla es tridimensional (en realidad, tiene una dimensión fractal de 2.75), por lo que se puede escribir sobre ella en múltiples superficies. El email, ay, es bidimensional
•.Usando un cordón de zapatos disponible en tiendas del ramo (chino) por pocos céntimos, puedes incluir todo tipo de attachments o adjuntos: un tomate, una lata de Mahou, e incluso un ultraportable tipo Asus eeePC. Además, no se te va a olvidar: si no lo has incluido, pesa menos, así que te darás cuenta inmediatamente. Y tendrás el cordón liado en alguna parte visible lo que te indicará que tienes que acordarte de algo
•.Las chanclas incluyen un mecanismo de acuse de recibo que val del simple "Ay" al "Me c*go en tus muertos", con lo que no vale la excusa de "Es que se me ha ido a la carpeta antispam"
•.Ya que hablamos del spam, el spam en chanclas es muy reducido, y generalmente va rodeado de pan, y se puede comer. Otro tipo de spam, como el destinado a recoger nombres de usuario y claves, son prácticamente desconocidos, ya que ¿quién diablos va a escribir un nombre de usuario y clave en una chancla?
•.Finalmente, las chanclas son mucho más económicas. Por 30 euros al mes puedes enviar un número casi ilimitado, sobre todo si te las devuelven a vuelta de chanclorreo. Si no lo hacen, dejas de enviar Mahous adjuntas. Hala, que se jodan.
Una fábula como las de Samaniego, pero pasadas por Das Kapital de Marx. Vista en http://atalaya.blogalia.com/historias/58117
Y por eso convocamos la huelga, compañeros y compañeras, y esperamos que todos os unáis
-¡Si! - crotaron desde las últimas filas
-¡A partir de ahora, ninguna cigüeña - "¡Ni cigüeño!" gritó alguien - transportará bebés, hará poses en campanarios, ni reciclará los contenidos de los vertederos! - "No, no nos quitéis los vertederos" gimió alguna camarada o algún camarado desde la multitud que asistía al evento.
Los piquetes se organizaron en las cercanías de París. Cigueñas veteranas, con cascos y gafas, surcaban los cielos y obligaban a aterrizar a todo esquirol que intentaba continuar con su trabajo "Es por los cigoñinos. ¿Cómo, si no, les compraremos los gusanos y sabandijas?" Las banlieues parisinas se llenaron de bebés de todos los colores, que al crecer formaron una sociedad despiadada y curiosamente cultivada. Pero esa es otra historia.
La situación se hizo insostenible al cabo de poco tiempo. Las señoras embarazadas de 10 meses se manifestaban por las calles, y destrozaron las cosechas de repollo, buscando alguna alternativa. Las ventas de métodos anticonceptivos cayeron de forma precipitada, porque no había forma ya de traer bebés al mundo.
La ONU tuvo que tomar medidas. Se creó un comité que negoció con las cigüeñas, concediéndole sus reivindicaciones: derecho a usar tantas cigüeñas como niños haya, que los mellizos, trillizos y cuatrillizos pesan más de la cuenta, uso de furgonetas, submarinos o medios de transporte necesarios en caso de que el rorro excediera los cinco kilos, y la cláusula más controvertida, la cláusula multicolor, en la que pedían ser de más colores aparte del blanco y el negro.
Poco después, cigüeñas fucsias, moradas y a topos rojos y verdes surcaban el cielo; todos respiraban tranquilos, salvo los que no habían contado con que se resolviera tan pronto y ahora se preocupaban cada vez que veían la sombra de una cigüeña, por si aterrizaba en su terraza (o abalconaba en su balcón, según).
Los repollos se extinguieron. Pero nadie los echó de menos.
Es el título de una novela de Proust, pero si te lo tomas de forma literal, puede aparecer un cuento como el siguiente.
Que también puedes ver en http://atalaya.blogalia.com/historias/57841
Cuando de tu colección te falta una de las piezas más valiosas, no tienes más remedio que buscarla con todas tus energías. Había bajado al sótano a pulirla un poco cuando allí, entre el tiempo que hace que no nos vemos y el tiempo de amar, faltaba el tiempo perdido.
Salió rápidamente a la calle, expresando preocupación en todos sus aspectos, le preguntó a una bola de cristal y a un vendedor de oximorones que pasaban por allí, pero nadie sabía nada. Buscó y buscó, hasta que finalmente se paró a descansar en el banco de un parque, desde donde vio a los patos hacer cosas de patos y a los satélites artificiales hacer cosas de satélites artificiales. Habló del tiempo con un jubilado, y comentó con los presentes los avances de una obra que se contemplaba desde allí.
Y en ese banco, titilando en el bolsillo de su camisa, aleteando tímidamente pero con decisión, apareció el tiempo perdido.
Otro manual de instrucciones, en este caso para aprender mundología y otras cosas que vienen solas tras pasar un número de horas determinado en la T4.
No todo el mundo puede hacerlo, así que estos fascículos pueden resultar útiles a un segmento considerable de la población.
Ser metrosexual está bien, pero los cosmopolitas viajan más. Así que ¿por qué arriesgarse a ser golpeado por un meteorito o codificado por el codo de su vecino de asiento en el avión, cuando en su casa y en cómodos fascículos quincenales puede convertirse en un cosmopolita del todo?
El eximio VAMOSPALLÁ (Vínculos Académicos Múltiples y Orgánicos, Sinceros, Probables, Activos, Locales, Legales y Ácratas), fasciculadamente, imparte su célebre, afamado y exclusivo curso de cosmopolitismo, donde aprenderá cosas como
•.Contar anécdotas y sucedidos con taxistas de Moscú, Kuala Lumpur y Bembibre (también Nápoles por un módico precio extra)
•.Describir el aterrizaje y despeque y otros eventos aeronáuticos que ponen los pelos de punta. ¿Nunca ha perdido una maleta en Heathrow? Ahora podrá narrar con todo lujo de detalles hasta el color de la corbata del mostrador de pérdidas
•.Describir el lujo y el glamour, la costra y la mugre de los mejores y peores alojamientos del mundo. ¿Y esas señoritas que se le acercan cuando vuelve a ellos a altas horas, cansado pero contento? ¡También las conocerá con todo lujo de detalles!
•.Por un modesto estipendio adicional, le explicaremos cómo logró escapar de las garras de la mafia laosiana aquella vez que le secuestraron cuando paseaba tranquilamente por Calcuta. Lo recordará con tal lujo de detalles, que le parecerá que lo hubieran secuestrado. Deseará ser secuestrado (lo que sólo haremos por otro estipendo más adicional todavía, y previa firma de una renuncia a acciones legales posteriores).
No lo olvide. Sólo el VAMOSPALLÁ le cosmopolitizará adecuadamente. Rechace imitaciones.
Cuando el gobierno admitió finalmente que había crisis, a alguien se le ocurrió la brillante idea de que si comprábamos nuestros productos, y no los de ellos, la crisis se iría para ellos, y pasaría de largo de nosotros. Se ve que no había caído en la cuenta de que ellos también consumen nuestros productos, y que si les llega la crisis, no vendrán aquí a tomar sangría, ponerse colorados, y pedir paellas para ocho. Por no mencionar el hecho de que hoy en día no está uno seguro de la procedencia ni del producto del propio intestino grueso (con perdón).
De ahí vienen estas dos sátiras (que no son el femenino del sátiro), que publiqué con muy poca diferencia en http://atalaya.blogalia.com/historias/61697 y http://atalaya.blogalia.com/historias/61762
-¿Me pone usté un producto?
-Sí, como no. ¿Cómo lo quiere?
-Pues como va a ser, alma de cántaro. Nasioná
-Sí, claro. Ahí lo lleva.
-...
-¿Sí?
-¿No es un poco pequeño?
-Sí, es que este año se lleva así, encogido. Ya sabe...
-Sí, qué me va a contar. Y...
-¿Sí?
-¿Es un poco basto, no?
-Bruto, no basto. Bruto.
-Ah. Bueno, siendo así...
-¿Se lo envuelvo?
-No, me lo llevo puesto.
-Muy buenas tardes/noches, estimado/a contribuyente/a. Somos la/lo policía/o del Ministerio de Industria y vamos a examinar cuántos productos/as nacionales/as consume usted.
El anciano se cambia el cigarrillo liado de lado de la boca
-Samine, samine. Tó nasioná sienporsién. Que yo hise la mili en regulares, ¡fartaría más!
-Ese cigarrillo...
-¡Cardoepollo!
-Déjeme que consulte en la gran base de datos del ministerio de industria, a la que llamamos cariñosamente Adalberta... Um, picadura procedente del Malawi.
-Malaguí... eso es ahí más pallá de Dojermana, ¿no?
-Sí... a ver la boina, a ver...
-¡Paños Romerosa! La tengo desde que me salió pelo...
-Sí, lo que me sospechaba. Hecha en Hong Kong... de una empresa con capital guatemalteco. Um, ya son dos infracciones... ¿y el resto de la ropa?
-Der mercaíllo, que se lo compro a un calé...
-Hecha en Vietnam... y esta en Siria. Malamente vamos...
-Nomasuste usté, señor agente...
-¿Calzado?
-Albarcas dehparto. No tienen ni marca.
-Déjeme, déjeme... sí, el análisis de ADN del esparto me dice que son argelinas. ¿Y el bastón?
-¿Qué pasa con el bastón?
-Parece pino gallego... no, del norte de Portugal. Señor, ¡voy a tener que sancionarlo!
-¿Qué me ice?
-No tengo más remedio. ¡Sepa que con su comportamiento irresponsable está destruyendo puestos de trabajo!
-Que no, que yo no, que estoy jubilao...
-Sancionado. Tendrá que emplear a este muchacho - saca detrás de él a un chaval con un mono. - Aquí tiene el contrato de trabajo, fírmelo ahora mismo.
-¿Sabe labrar?
-No, yo es que soy de Móstoles - dice el chaval
-Bueno, qué le vamos a hacer - firma y coge al chaval del brazo - ¿Y liar cigarrillos?
-¿De tabaco?
La sociedad moderna se presta a la creación de una serie de campañas sin duda necesarias, pero que acaban haciéndose machaconas, sobre todo si van acompañadas de un recrudecimiento del aparato represivo del Estado, dicho represivo desde el cariño. Que yo entiendo que haya que evitar accidentes, pero cuarenta euros por no llevar el papelito del seguro me parece excesivo. Dicho esto, ahí van un par de sucedidos reales como los 25 céntimos, uno de ellos de Atalaya (http://atalaya.blogalia.com/historias/61486) y otro de ellos que, en el momento de teclear estas líneas, todavía no he escrito. El primero toma su nombre de una de las campañas que han creado las cadenas de televisión junto con la DGT.
-Oye, que te está haciendo signos de que te pares a la derecha el municipal, mira.
-Verás tú, Manolo, que me he saltao la raya continua.
-¡Pero si no se ve!
-Buenas tardes, agente.
-Buenas, papeles, por favor.
-Sí, aquí están. ¿Los de mi amigo también? - Manolo agacha la cabeza y dice "Hola" con la mano.
-No, su amigo se queda donde estad, y usted desciende del coche.
-Pero, ¿por qué? Si no he hecho nada, si acabo de desayunar, si no he bebido
-Vamos a proceder a hacerle la prueba de corseteremia.
-Pero ¿qué me dice?
El agente toma de su cinto un aparato con forma de hisopo, y se lo enfoca a la retina.
-¿Qué? Pero ¿qué diablos?
-Diablos, sí señor. Aquí el corseterómetro ha detectado en su retina los restos de un anuncio de corsetería.
-¡No!
-En concreto, el de Lisa Charmel.
-Que no, que yo... que ha sido mi amigo
-No me obligue a hacerle una prueba de cuerpos cavernosos, que puede dolerle.
-No, bueno, si es que, jolines, están...
-Caballero, no trate con frivolidad esos temas. ¿No sabe que el mirar a una fémina provoca el 80% de los accidentes masculinos? Por favor, ¡no juegue con eso!
-No, yo... si yo no miro, pero...
-Le tengo que sancionar.
-¡No!
-Sí, son 3 puntos y confesión y arrepentimiento por alguno de los sacerdotes, chamanes o religiosos/as aquí presente: tenemos un pope, imán, jesuita, y un pastor protestante que se parece al del Pájaro Espino.
-No, ¡jesuita noooooo!
-Caballero, si no puede cumplir la pena, no cometa el delito - le dice el agente, quitándose airosamente las gafas de sol, y pegándole un empujón al perpetrador hacia la congregación ecuménica.
Al ver que un guardia civil de tráfico, bien afeitado y con el tricornio perfectamente paralelo al asfalto y formando un ángulo de cuarenta y cinco grados con sus patillas, le hacía señas para parar, Jaime se palpó metafóricamente los bolsillos (como todos hacemos en tales trances), pero no pudo evitar que lo que estaba masticando en ese momento se le hiciera una bola intragable.
-Buenas tardes.
-Buenas tardes – contestó Jaime.
-Por favor, salga del coche, escupa aquí, sople ahí, miccione allí, defeque en ese inodoro portátil, y cuando pueda buenamente, por favor, llene esto usando esto. - Le depositó un ejemplar del Playboy y un bote de plástico transparente.
-Pero...
-Si lo prefiere, le puede auxiliar el guardia en prácticas que tenemos – le dijo, inclinando ligeramente el tricornio hacia un señor con mono de mecánico que se ajustaba unos guantes de látex.
-No, déjeme, ya yo...
Pasa un rato, y vuelve cargado de frascos estériles, que entrega a un guardia con tricornio y bata de color verde con Dr. Guardia bordado en el bolsillo examina el listado que una impresora de papel continuo produce ruidosamente.
-Espere ahí – le dicen, justo al lado de donde está el señor de los guantes de látex. Jaime no sabe si darle conversación o pena, así que opta por lo último.
Los frascos son depositados en diferentes recipientes, y la impresora no deja de hacer ruido. El Dr. Civil mira a Jaime, se ría, vuelve a mirar, frunce el ceño, vuelve a mirar, y se ríé. Le entrega un documento al primer guardia civil.
-Hum
-¿Hum?
-¿Quién le ha preguntado?
-Nadie, yo...
-¡Eso no era una pregunta!
-... - Jaime se calla, pero de forma elocuente. Cree que se su vejiga le avisa de nuevo de que necesita hacer algo. O quizás sea otra cosa por esa zona, tanta actividad simultánea debe haber activado alguna neurona de sobrecarga.
-El contenido de hidratos de carbono en saliva es excesivo. ¡Excesivo! Usted había estado consumiendo, ¿verdad?
-Sí, unos quicos, es que me da hambre...
-Y el de sal, ¡está por las nubes! ¡No sabe lo mala que es la sal!
-Sí, una cosa, no, pero que no le pegaba lametones a la sal, que eran unas pipas...
-¡Policonsumidor, entonces! ¡Se le va a caer el pelo! Boris, regístrele el coche, rápido.
Boris sale del coche al poco rato con una bolsa de pipas de 300 gramos (sabor Tijuana), un cartucho de garrapiñadas y una bolsa de pistachos. El guardia civil, sin vacilar, extrae su pistola y apunta a la sien de Jaime. Lo que fuera que se estaba activando por la zona de su bajo vientre acaba de activarse del todo, y comienza a subir el olor.
-Alégreme el día, dígame ahora que es para consumo propio...
-No, para unos colegas, que hemos quedado para el fútbol... de la selección, de veras...
-No tengo más remedio que detenerle por infracción del artículo 528, 326 y 777 bis del código de circulación, que regula el tráfico y consumo de sustancias controladas en la carretera, arcenes y arbustos detrás de estos.
-Pero...
-Boris, proceda a un registro completo de cavidades. Quién sabe qué más podrá tener por ahí...
-Noooo... que yo noooooo
Se aleja, dejando tras de sí el olor del miedo, mientras el guardia Civil comenta al Dr. Civil... --Temerarios.. cuántos habrán muerto, y cuántas muertes habrán causado, atragantados con un pistacho...
-O bebiendo agua por la sed causada por sobredosis de pipas... “Estaba pegando un traguito”... y el tráiler de dieciocho ruedas que se le viene encima.
-Sólo unos pocos quicos, sólo unos pocos quicos... ¿quiere uno, por cierto? Venga, saca la cerveza, a ver cuándo pica otro...
Como el lector considerará poner una introducción más larga que la propia historia, amontono aquí los hiperbreves, que rinden homenaje a la conocida historia del dinosaurio y Monterroso. Aparecieron publicados en diferentes URLs, pero siendo una frase, lo mejor es que la metas en Google, a ver qué te sale. O en Bing. Bueno, en Bing no.
-Un duro, ¿cuánto era en euros? - díjole al camillero.
-¿Qué ha hecho ese tipo que no haya hecho yo?
-¿Algo?
-No – dijo el interfaz.
-¿Por qué? –dijo la persona.
-Porque no –contestó.
Así nació la primera inteligencia artificial.
-Que no
-Que si, que has desaparecido de mi lista de más activos del Google Talk.
Sin poder soportarlo más, puse fin a su miseria dándole al reset.
Un recuerdo de esas noches toledanas víspera de exámenes, que intenta tener un tono de novela negra, con unos apuntes convertidos en McGuffin. Éste fue uno de los relatos que si fueron aceptados en una publicación, un sitio web llamado “Andalucía Comunidad Cultural”, y acabó no sé como en un sitio llamado “Cuentos Globales”: http://www.telefonica.net/web2/cuentosglobales/nov98/cigarro.htm .
Este relato apareció originalmente en la dirección http://geneura.ugr.es/~jmerelo/relatos/necesitaba_un_cigarro.htm
Necesitaba un cigarro. No puedo estudiar sin el cigarro en la mano izquierda, así que salí a la calle. Un viajecito a la esquina, respirar un poco el aire, un paquete de Ducados, el cafelito recién hecho, un poquito de Tequila y Los Rodríguez en el CD, y ya puedo empaparme de seguridad informática toda la santa noche.
Lo tenía todo planeado. Ya me había estudiado los cortafuegos, el primer tema, me quedaban 10 o 12 más, pero para las nueve de la mañana, la hora del examen, lo tendría ya terminado. Estaba tirado. Además, los apuntes que me había fotocopiado esa mañana eran buenos, los del empollón de la clase. Joder, hasta había ido a tres o cuatro clases, sabía de qué iba el tema, y el profesor me conocía el careto.
Pero antes, el tabaco.
-Rudy, voy a por tabaco - le dije a mi compañero de piso. Se llama Rodolfo.
-¡Vale!. Oye, tráeme a mí también - y una mierda, pensé, que el tío luego no me lo pagaba. El tío este es más gorrón, joder, no me he podido fumar ni un puñetero paquete entero, y cuando te pide que le compress algo, luego te racanea cinco duros. Y nunca tenemos claro a donde van a parar los fondos que desaparecen de la caja común, aunque siempre aparecen luego yogures en su balda del frigorífico.
O sea, que fui a por tabaco. Para mi. Y por el camino me encontré al Andrés, un colega del pueblo. Joder, y que cómo te va, pues nada, aquí con un examen, y un marchón en la calle que no veas, pleno junio, y toda la peña subiendo para la feria, unos pedazo de tías, y nada, pinpán, pinpán, que nos tomamos unas cañas, un bocata, y acabo en mi casa a las diez y media. Bueno, tenía tiempo todavía. Con unos apuntes buenos, y el cafelito, y la cocacola cuando el cuerpo falle, un cigarrito al aire libre, y la seguridad informática es mía.
Y me salta el Rudy:
-Oye, tío, ha venido un colega a buscarte, el Curro ese.
-¿Y qué quería?
-Nosequé de unos apuntes de informática - no van a ser de odontología, cojones, que Informática es lo que estudio - Te ha estado esperando un rato, y luego se ha largado.
-Vale - no se acordó de su tabaco. Ni yo tampoco. En un rato, vendría a pedirme.
Y me fui para mi habitación. Que está habitualmente desordenada, con cosas por el suelo, la cama sin hacer, pelusas mutantes luchando por el control de las aristas convexas, y muchos papeles encima de la mesa. Pero, joder, saltaba a la vista que faltaban unos papeles. Los papeles. ¡Los apuntes de SI! Se los había llevado el jodío Curro. Y el examen manaña. Y las fotocopiadoras cerradas. Y al empollón, échale un galgo. Ni siquiera se donde vive. Ni nadie más de la clase, además son todos unos empollones de mierda, no tanto como el de los apuntes, el Federico, pero casi. Al único que conocía, al Curro, y me guinda los apuntes.
-Cagonlaputa, Rudy, para qué le dejas a nadie que coja nada de mi habitación, tío, los apuntes del examen de mañana.
-Y a mi que me cuentas, tío, yo que sé, tienes tantos papeles, además el Curro ese es tu colega, ¿no? Yo que sé, búscalo- sí, buscarlo. Para empezar, no sabía donde vivía, trabajaba en un bar, pero la única vez que estuve allí estaba borracho y apenas me acuerdo...
-¿Hace mucho que se ha ido?
-Ya no lo pillas - encima recochineo- ¿Oye, no tienes tabaco pa darme?
-Una hostia te voy a dar, tonto la polla.
-Coño, no te pongas así, tío, joder, ve a por él, me ha dicho que iba al bar o no sé qué.
Sí. Al bar. ¿A qué bar?
Tampoco era tan difícil. Era Pedro Antonio, eso lo recuerdo. Hay unos 100 bares en Pedro Antonio. Un algoritmo de búsqueda secuencial, empezando en la plaza Albert Einstein y terminando en Recogidas, te garantiza que lo vas a encontrar. Sería mejor ponerlos en árbol, o hacerles un podado alfa-beta, pero los bares no se prestan mucho a eso. Ni Curro. Bueno, todo eso si Curro no se mueve.
Un par de cigarros más tarde estaba en Pedro Antonio. Sólo era jueves. No se podía andar sin tropezar. Primero, porque había mucha gente. Segundo, porque se me iba la vista y no miraba donde pisaba. Gente celebrando sus exámenes. Gente celebrando la feria. Gente celebrando sus últimas clases. Gente celebrando. Una persona en un bar. Cuando hice el algoritmo no pensaba que me iba a costar tanto trabajo entrar a los bares. Ni salir.
Eran las once y media cuando di con el bar. Me sonaba la cara del camarero, los bancos de madera, el olor a vino de la costa. Además, sonaba "Like a rolling stone", como aquella vez.
-Oye, ¿aquí no trabaja un tal Curro? - le dije a gritos al camarero, que añadía un cuartillo de whisky nacional a un cubo de cerveza.
-Sí - me gritó.
-¿No está por aquí?
-No, vino, pero se largó, porque no había mucho negocio, y tenía que hacer un recao. Joder, y en un momento vino toa la peña...
-¿Pero vendrá luego?
-¿Y yo qué sé? Lo dudo, aunque si lo ves, dile que venga a echar un ratillo, que no vendría mal.
-¿Y no se ha dejado aquí algo? ¿O sabe donde anda? ¿O donde vive?- algo como unos apuntes de seguridad informática, por ejemplo.
-Si, soy el Espasa, no te jode... - me largué, viendo que no estaba el horno para bollos.
Vi a mis apuntes alejarse de mí, línea a línea, gráfico a gráfico, transparencia a transparencia, hoja a hoja. Otra para septiembre. Y eso que no era de las que me había dejado.
Así que me dije, de perdidos, al río. Me voy a la biblioteca, a ver qué pillo, y si no pillo unos apuntes, igual ligo, porque me habían dicho que en las bibliotecas por la noche había un ambientazo que te cagas. Pero antes me tomé una caña. Perdidos al río, sí, pero de cerveza...
Cuando iba para la biblioteca, me encontré a David. Coleta. Camiseta sin mangas. Un pendiente en la oreja derecha. Y dos chavalas. Dos chavalas. Lo miré, le dije hola. El me miró, me dijo hola, las miró a ellas. Ellas no me miraron, pero yo las miré a ellas. Los pechos de ellas, debajo de sus tops, me miraron. Yo lo miré a él. El sonrió. Y el tío, encima, aprueba.
-¿Y el examen, qué? - le dije.
-Controlao. Sin problemas.
-Entonces, no necesitarás los apuntes, ¿no?
-Eres un cachondo, tú. Bueno, nos vemos.
-Sí - le dije - Oye, no habrás visto a Curro, ¿eh?.
-Sí, en el Caribe... - se despidió riéndose y echándole un brazo por encima a los hombros no muy cubiertos de la chica que le pillaba más a mano.
Pues el tío me deprimió. Me quitó las ganas hasta de ir a la biblioteca. Me tomé otra cerveza, en el bar que me pilló más a mano. Sonaba "Ultramemia", de Def Con Dos. No sé por qué, me lo tomé como algo personal. Así que me fui a desahogarme al cibercafé, a echarme un Doom, y cargarme cuantos demonios a gusto. Además, a estas horas, no están los empollones que te machacan nada más entrar al juego.
Las doce de la noche es una buena hora para matar demonios. Y otros jugadores del Doom, claro está. El enemigo está dormido. Tus sentidos, despiertos. Tu instinto asesino, a flor de piel. Después de suspender irremisiblemente un examen, 8 horas antes de hacerlo.
En el cibercafé, envuelto en una nube de humo, encontré los ordenadores donde se jugaba al Doom. Y en el centro de una nube de humo aún más densa, vi una cabellera larga, con otra melena un poco más corta al lado. Al acercarme un poco más, distinguí claramente el acné enmarcado por la cabellera. Y las gafas enmarcadas por la otra melena. Y la cara debajo de las gafas. ¡Curro!
-Di tus últimas palabras, porque te voy a matar, gilipoyas - le dije, sin mentir lo más mínimo.
-¡Gustavo! - dijo al notar el canto de mi derecha a escasos centímetros de su cuello, lo cual le llamó la atención mucho más que mi frase anterior - gracias por los apuntes, tío. Te los iba a llevar ahora, porque ya no los necesito.
-Hombre, muchas gracias y de nada... toda la puta noche buscándote.
-¿Y eso? ¿No leíste la nota que te dejé encima de tu mesa?.
-¿Nota?¿Mesa?¿Mi? - una nota en mi mesa tiene tantas probabilidades de ser encontrada como el resto de las cosas que hay encima de mi mesa. Como a Curro en Pedro Antonio, más o menos.
-To the parrot, tío, que esto ya casi está - dijo el otro de la cabellera, Pepe, que también estaba en mi clase. Curro se concentró también en la pantalla, dejando de prestarme atención en absoluto. A mí.
-Joder, Pepe, que me van a follar el examen por culpa de este gilipoyas - les dije.
-Coño, Curro, no te pases, además, para qué coño vas a estudiar, si te vamos a pasar el examen.
-¿Examen?¿Pasar?¿A Mi? - la salvación ante mis ojos. Una salvación no concreta, pero salvación, al fin y al cabo
-Sí, mira, nos estamos metiendo en el ordenador del profesor de SI, para chorizarle el examen - dijo Pepe - ya casi estamos - No pude evitar mirar el ordenador. Allí, efectivamente, en una ventana, aparecía en alguna línea el nombre del ordenador del profesor, Kerberos; en otra ventana de la pantalla, una página Web con los contenidos de la asignatura, en otra, muchas líneas con mucho "telnet", "password", "username" y cosas por el estilo. No lo entendí. Creo que todavía no había llegado a ese tema.
Otro cigarro, otra cerveza, miré. Y miré. Y me desperté cuando oí la impresora. En la esquina inferior derecha de la pantalla, unos dígitos marcaban las 7 y 10 de la mañana. Curro me pasó dos hojas impresas, con la tinta todavía húmeda.
-Ahí lo tienes, tío. Te has quedado sopa, ¿eh?. Hala, nos vemos en el examen.
A las nueve menos diez estaba en la puerta de la Escuela. Duchado, con un par de cafés encima, y con las respuestas memorizadas. El joío profesor, se le había ocurrido meter en el examen el IDEA, del cual no tenía ni puta ídem. Antes. En la puerta me encontré a la delegada.
-¿Qué, se te han olvidado los bolígrafos o algo? - le dije. Parecía muy tranquila.
-No, vengo de dejar la relación de exámenes anteriores de SI, para que le echéis un ojillo.
-De puta madre, pero será para el final, ¿no?
-No, para el parcial del jueves que viene.
-¿De SI?
-No, de no. Gustavo, tienes mala cara, ¿has pasado mala noche?
-¿Pero no era hoy, jueves, dieciseis?.
-Hoy es jueves, nueve. Gustavo, noc, noc, ¿hay alguien ahí? - creo que no...
Fui a coger los exámenes de otros años de la fotocopiadora. Uno de ellos me sonaba. Era el que tenía en mis manos.
En ese momento, sentí que necesitaba un cigarro. Y dormir.
Un relato basado como los demás en hechos reales, que refleja esos encuentros casuales que la rutina convierte en habituales, y como personas totalmente desconocidas entran, sin saberlo, a formar parte de nuestra vida. O, visto desde otro lado, como nuestras vidas son más transparentes de lo que pensamos para la gente que nos rodea.
Debe ser antiguo, porque una nota en el fichero me dice que se escribió originalmente en el ínclito WordPerfect. Posiblemente de mediados de los 90.
Este relato apareció originalmente en la dirección http://geneura.ugr.es/~jmerelo/relatos/DiaNadie.relato.html
-Ya está otra vez Aniceto, el del cuarto D, armando follón - dice él, dando una vuelta en la cama.
-Estos pisos están hechos de papel couché, te lo vengo diciendo siempre - dice ella, reprimiendo un bostezo.
-Será de papel de fumar... Además, pasa del vecino, que todavía nos queda una horita de sueño, a aprovecharla - dijo él, sabiendo que, probabilísticamente, sólo lo conseguían un 65 por ciento de las mañanas.
-Buenos días, Aniceto- dijo el hombre con el raído mono azul, al vecino que se encontró en la puerta - mal tiempo hoy, ¿eh?
-Y que lo diga...por eso me he puesto la gorra, que el relente no es bueno para las neuronas - le contestan.
-Mira, por ahí está pasando el hombre que vimos el otro día. Parece que lleva un frío de cojones, ¿eh? - dice el conductor.
-También lo vimos la semana pasada, ¿no? Pero entonces no llevaba la gorra de felpa esa - dice el copiloto.
-¿Tú que crees que será? - contesta el conductor - ¿No tienes curiosidad de saber cosas de la gente que te encuentras aleatoriamente en la calle?.
-Con esa gorra, cuñado, por lo menos. Espera... ¿qué acaban de decir en la radio? Joeves, cállate, que no me dejas oír los resultados del fútbol.
-Siempre el primero, ¿eh, don Aniceto? ¿Es que se ha quedado a dormir aquí? ¿O se ha ido de juerga? Porque vaya ojeras gasta...
"Caray, qué peste. Se ve que alguien está evacuando, porque además se le oye esforzarse.. Qué esfuerzo, madre mía. Hay que ver que alguien decida cagar a la misma hora que yo meo todas las mañanas... pues voy a tener que cambiar de hábitos, porque esta peste no hay quien la aguante. ¿Quién será?"
-¿Qué va a ser, señores? Lo de siempre, ¿no? Dos manchadas, un solo, un colacao, 2 tostadas de aceite, una de tomate y otra de paté, ¿no? - dice el hombre tras la barra del café, a la vez que la limpia.
-Sí, pero la mía, con leche fría, ah, y me pasas el periódico.
-Sí, perdone, con leche fría, se me había olvidado. ¡Marchando una con leche fría para don Aniceto!.
-Bueno, como os iba diciendo -dice uno de los clientes- pues se ve que alguien jiña a estas horas, justo antes del desayuno...
-¿Y qué? - le interrumpe otro cliente - Para eso están los servicios, ¿no?
-Joer, Aniceto, no te piques...
-Mira ese hombre que está en esa mesa. ¿No te da pena, todos los días comiendo solo? ¿Y si un día lo invitamos a un café? - dice él.
-¡Pero si está tan agusto poniéndose morao! Déjalo, que si está solo, por algo será. A esa edad... - dice ella
-Además tiene mala cara. Parece que no ha dormido mucho. Fíjate qué ojeras - responde él, mirándolo ya con menos disimulo.
-A lo mejor es un crápula, y se acostó a las tantas. ¿Tú que sabes de la vida de la gente?.
-Sé lo que veo, y a mí ese hombre me da pena.
-Sí, como los tres perros, los dos gatos que tenemos en casa y a tu hermana, ¿no? No te irás también a traer a señores que te encuentras en bares, ¿no?.
-Asómate a ver si está lloviendo - dice él
-No, no llueve, pero el de enfrente, el del cuarto piso, parece que está viendo la 2 en la tele. Cámbialo, a ver si es eso - dice ella.
-Luego, luego. Que ahora está en lo más interesante.
-Ayer estuvo el tío por lo menos hasta las tres de la mañana. Por lo menos, ví luz hasta esa hora. Y el del quinto yo diría que tiene canal plus. Porque no me suena lo que está viendo.
-Sí - dice él. O no. O puede. La verdad es que emite un sonido bastante ambiguo, pero eficaz.
-Hala, el muerdo que se están pegando en el portal de enfrente. Si hasta les oigo...
-Uf - dice él. O sí. O vaya.
-¿Te duchas ahora?
-No, porque a estas horas se ducha el vecino de al lado, y no sale demasiado caliente. Esto del agua caliente central...
-Pues a mí me pareció un buen invento cuando compramos el piso...
-Espera, que ya parece que ha acabado.
-¿Qué estudias? - dice el muchacho con coleta, según entra en la habitación de su compañero
-Estudio los patrones binarios que forman las ventanas del piso de enfrente. Mira, ahora mismo están formando el número F en hexadecimal. No, espera, que ya se ha apagado la ventana de enmedio... entonces el D. Si le añadimos el número del piso, 4D, que en decimal ¡es justamente 77!
"Nunca más me buscaré de compañero de piso a un informático, lo juro por la gloria de mi madre" piensa el de la coleta.
-Bueno, ¿me dejas echarme un Doom?
-Vale - "Quizás no sea tan malo", piensa de nuevo.
La sincronía entre las vidas de las personas es considerable por el hecho de que uno se suele mover entre personas de (aproximadamente) la misma edad y a la gente de la misma edad le suelen ocurrir las mismas cosas. Esta es la historia de esa fase de la vida en que de repente la gente encuentra pareja, y se van alienando progresivamente hasta que se convierten en completos desconocidos. Debe tener también cierta edad, porque el original también está en WordPerfect. Que sería de los escritores incipientes sin él.
Este relato apareció originalmente en la dirección http://geneura.ugr.es/~jmerelo/relatos/NaranjaCompleta.relato.html
Nunca he podido imaginarme porqué los seres humanos nacemos incompletos, y tenemos que buscar pareja para sentirnos completos. Puede ser quizás algo biológico, pero en el caso del que voy a hablar va más allá de lo biológico para adentrarse en lo escatológico.
Paco era mi compañero de piso. Lo compartíamos desde hacía un par de años y ambos comenzáramos la carrera en Granada. Aunque no sea yo el más adecuado para juzgarlo, Paco era normal rayando en lo vulgar en todo lo que hacía: estudiaba, aunque no demasiado; salía de marcha, de vez en cuando y ligaba, como todos nosotros, entre muy poco y nada.
Un día de la Cruz (que como saben incontables generaciones de estudiantes granadinos, es una fiesta más bien báquica en que se inician este tipo de cosas en Granada), conoció a María. Aunque las nieblas etílicas de ese día no me permitieron hacer una evaluación certera, me pareció una chica normal. No era lo suficientemente guapa como para ser despampanante, ni lo suficientemente llamativa como para ser provocativa, ni lo suficientemente fea como para suscitar muecas de repugnancia.
Al día siguiente, aproximadamente a las siete de la tarde, salieron del cuarto de Paco, con una sonrisa en los labios y en toda la cara en general que apenas ocultaba sus ojeras turbo dieciséis válvulas. Ese día María se fue de casa. Pero siguieron víéndose.
El sábado siguiente, habíamos quedado con unos colegas, para comprar unas litronas y unas palomitas, y ver el partido. Al principio del partido, lo vemos aparecer en la puerta de su cuarto, todo vestido como para una fiesta de fin de curso.
-¿Dónde vas, tío? - le pregunté, mientras una onda de codazos se iba propagando por todos los sofás y sillones.
-He quedao - su “hasta luego" se confundió con el ruido que hizo al cerrar la puerta, y con los murmullos de “está enchochao" de toda la concurrencia. Bueno, es normal, pensamos. Total, ya se había perdido antes uno o dos partidos en los últimos tres años, cuando estaba preparándose aquella asignatura para septiembre.
Pero en semanas siguientes, su actitud empezó a volverse cada vez más insoportable. A su cara de idiota chupando un jamargo debajo de un árbol, se sumó su tema de conversación. Nunca se había parecido a Chris por la mañana, el de Doctor en Alaska, que igual te habla de física cuántica que de béisbol: hablaba de exámenes, de fútbol, y de mujeres, con diversos matices, pero sólo de eso. Ahora hablaba de mujer. Punto. De María. También con diversos matices. Yo y María, María y yo, “María me ha dicho", “María hace". Un amigo nuestro, físico, calculó los intervalos medios entre dos pronunciaciones de la palabra María. Empezamos a hartarnos cuando bajaron de los 5 minutos. También insistió en haceruna estimación de cuánto hablaba cuando no lo veíamos, pero ahí ya nos plantamos nosotros).
Cuando sutilmente le mencionábamos este hecho, con frases del estilo “Ya está el tío dando la badila con María", no se lo tomó demasiado bien. Empezamos a verlo cada vez menos, y cuando lo veíamos, solía acompañarlo María.
Alguna vez comimos juntos. Y fue una experiencia extraña. Aparte de estar todo el rato oyendo “Churri, esto" “Churri, lo otro" (los dos eran Churri, Debe de ser un calificativo cariñoso asexual, que no asexuado), a veces se miraban y se reían. La comida se pareció un poco a una partida de mus, con gestos y movimientos imperceptibles para los demás, pero que parecían provocar una reacción en Churri (o sea, en cualquiera de ellos). Por ejemplo
-Oye, ¿te haz dado cuenta de que...? - un guiño, la mano puesta debajo de la barbilla - ¿no? - decía Churri-Maria.
-Puez, zi - risas - zi ez que erez maz gra - decía Churri-Paco. No era de Sevilla, era de Andújar. Pero había cambiado de acento. Y a la vez, se tocaba el lóbulo de la oreja.
Un día que la trajo a cenar se alcanzó un punto en que no entendíamos nada. Se comunicaban con monosílabos “Zi, ma, tu, ca", rictus en la cara, caricias en los mofletes. Paco ya no hablaba con nosotros.
Después de semanas así, Paco hizo un esfuerzo sobrehumano y en un par de frases nos dijo que dejaba nuestro piso para irse a vivir con María. No nos molestamos en disuadirle de lo contrario. Ultimamente se había convertido en una compañía no demasiado agradable. Al poco tiempo, por unos compañeros me enteré que había dejado también de asistir a clase.
En septiembre, al principio del curso siguiente, los ví una vez por Pedro Antonio. No me saludaron, pero me paré un momento a observarlos. Y me llamó la atención de que la gente hacía un arco alrededor de ellos, hasta el punto que abandonaban la acera por la que ellos pasaban, para volver a tomarla unos pasos más allá. Había como una esfera alrededor que incluso el multitudinario Pedro Antonio respetaba. Dentro de esa esfera, ellos se miraban, alzaban una ceja, emitían unas cuantas sílabas, subían una pierna, daban un taconazo en el suelo. Y supongo que se amaban.
¿Qué fue de ellos? Al cabo de los años, ella grabó un disco de música trance con el seudónimo de ChurriDJ. El hizo su primera exposición de arte deconstruccionista (o algo así) unos meses más tarde. Vi incluso una foto suya en Canal Sur. A veces también hacen happenings juntos.
¿Y yo? Pues todavía no sé si sentir pena o envidia por ellos.
Éste fue uno de los relatos con los que obtuve un accésit en los premios de obras de ciencia ficción relacionadas con la informática de la (todavía) ETSII. Quizás fue el primero en el que empecé a experimentar con diferentes formatos: chats, correos electrónicos... de hecho, el relato se presentó dos veces: una vez en texto, y otra como página web multimedia con animaciones (hechas en JavaScript) y más dinamismo, creado por Miguel Antequera Cobo. Creo que lo presenté a la segunda edición, lo que lo situaría en 1999.
No gané, no. Lo que estuvo bien, porque me animó a volver a presentarme.
Este relato apareció originalmente en la dirección http://geneura.ugr.es/~jmerelo/relatos/desconocido-desaparecido.htm
Échele un vistazo a esto. Luego hablamos
Así decía el escueto mensaje que me llegó un domingo, a las 3 de la mañana, procedente de un tal Vagabundo. No teniendo nada mejor que hacer a esa hora salvo beber licor de melón y lastimarme la muñeca derecha con el ratón, seguí el enlace que el mensaje me ofrecía, y la posibilidad de curre que se adivinaba.
Lo que vi se podría describir como la inmaculada pared de un servicio público recién inaugurado, decorada por un artista de graffiti estreñido y con un cuelgue de ácido. Tenía casi tanto color, y mucho más mensaje. El mensaje era "Liberad a Jano". El water, la página web de Megasoft. El artista, Los que traen el infierno, los HellRaisers, un grupo de hackers y crackers con los que ya me había cruzado un par de veces.
¿Jano había desaparecido? ¿El Howard Hughes del software gratuito? ¿Y Megasoft era culpable? El caso parecía interesante, la posibilidad de ganar alguna pasta parecía muy interesante, y el que, como parecía, me lo encargaran a mí, aún más interesante. ¿Pero quién me lo encargaba a mí?
Un poco de licor de melón después, y un poco de búsqueda por las redes de noticias, me lo confirmó. Jano había desaparecido. Si es que había aparecido alguna vez: Nadie lo conocía personalmente, ni había hablado con él por teléfono; sólo se mostraba en áreas de charla y por correo electrónico. Así, dirigía una coalición dispersa geográficamente y psicológicamente que creaba y distribuía Janix, el sistema operativo de control doméstico gratuito más popular, casi tanto como su equivalente de pago HomeOS, hecho por Megasoft. Y ahí entraba el segundo protagonista del mensaje.
Un buen día, al parecer el martes pasado, Jano dejó de contestar a sus correos electrónicos. No apareció en varias citas en áreas de charla que tenía concertadas. Un par de días más, tarde, los correos que se le enviaban, llegaban rebotados con el mensaje "Servidor o usuario desconocido". O sea, que había desaparecido. Más que antes, al menos.
Mi ordenador dio un pequeño salto para indicar que me había llegado otro mensaje. Todos los ordenadores cantan, pero el mío salta. En la profesión hay que guardar una imagen, y además es bastante fácil programar la tostadora en Janix (el que yo, naturalmente, usaba) para que salte cuando llega un mensaje, y poner el ordenador encima. Ya me había cargado dos, pero bueno, son baratos y los meto en la cuenta de gastos de los clientes. Cuando los hay. Ahora parecía que lo había y me mandaba un mensaje.
Era una petición para que habláramos en un área de charla privada.
Vagabundo ¿Ha visto?
Sabueso Haría falta estar dormido para no darse cuenta. O muerto. Que es como yo debería estar. Dormido, no muerto. ¿Y usted?
Vagabundo No puedo permitirme ni lo uno ni lo otro. Sí puedo permitirme mantener a alguien despierto, especialmente si es un sabueso de poca monta como ustd.
Sabueso Este alguien de poca monta cobra 100 euros al día, más gastos. Y están empezando a contar ahora.
Había activado el cronómetro de mi pulsera desde el ordenador. Lo del reloj era complicado, más que lo de la tostadora, porque la tostadora y el ordenador y Janix se entendían a través de las líneas eléctricas de la casa, pero lo del reloj era jodido. En realidad, todavía no sé como funciona: simplemente me traje un programa de la red, y lo uso.
Vagabundo Hagamos entonces que merezca la pena el gasto. Quiero que encuentre a Jano.
Sabueso Podría hacerlo. También podría no hacerlo. Normalmente, el tener que comer todos los días es sólo una de las razones que me conduce a investigar un caso. La segunda es confiar en el cliente. La tercera es saber que no me voy a meter en líos. Si no tengo cuidado con las dos segundas, puede que no me tenga que preocupar de las dos primeras. Nunca más. ¿Me entiende? ;-)
Vagabundo Oiga, encontrar a un secuestrado es legal. La policía lo hace a veces.
Sabueso Usted dice que ha sido secuestrado. Primera noticia que tengo. ¿Qué más sabe que yo no sepa?
Vagabundo ¿Quiere eso decir que acepta el caso?
Sabueso Quiere decir que antes de involucrarme en un caso quiero saber donde me meto. ¿Además, qué interés tiene usted en que se le encuentre?
Vagabundo Digamos que no confío en las fuerzas del orden tradicionales. Digamos además, que quizás quiera saber yo dónde se encuentra antes de que lo sepa otra gente. Y digamos también que tengo mucha pasta y no sé como gastármela.
Mientras hacía inventario mental de lo que podría irle metiendo en la cuenta de gastos, varios órganos de mi cuerpo, incluyendo algunas neuronas aisladas de mi cerebro, clamaban por que aceptara el caso.
Sabueso Digamos, entonces, que acepto el caso. Por el momento.
Vagabundo Le dejaré entonces toda la información que tengo sobre el tema. Ya la encontrará.
Fui al frigorífico a por otra botella de licor de melón, pero se me habían acabado. Mientras bajaba al 24 horas, reflexioné sobre lo que acababa de hacer. El aceptar el caso, no el beber licor de melón. Hacía siglos que había dejado de reflexionar sobre eso. Llegué a la conclusión de que lo estaba haciendo por el cochino dinero, es decir, aceptar el caso de alguien desconocido, y eso iba contra mi ética. Aunque iba a favor de poder seguir bebiendo licor de melón, pagándome el alquiler de mi cuarto, y la conexión a Internet. Perdió la ética. La ética está bien, pero cuando uno tiene el estómago lleno y puede mantener sin problemas el nivel de alcohol en sangre.
La mañana siguiente me despertó con el estruendo de los pájaros al amanecer. A veces odio el mundo real. Es tan... ruidoso. Y no se puede desconectar, ni bajar el volumen.
Me enfrenté al lunes con una taza de café corregida con un poco de licor de melón y enfrente de la pantalla del ordenador. Megasoft había restaurado su página principal, y estaba buscando a los culpables para ponerles un pleito, en el cual probablemente solicitarían la esclavitud de la familia completa hasta la segunda generación, fueran ascendientes o descendientes. Las acciones de Megasoft habían bajado, su presidente y vicepresidenta eran ahora unos cuantos cientos de millones de dólares más pobres. Se había iniciado una petición en Internet por la libertad de Jano.
Pero nadie había reivindicado el secuestro. Todo el mundo parecía suponer que lo habían secuestrado, inclusive mi cliente. Yo no podía tomar el secuestro como hipótesis de trabajo. En realidad, no podía tomar nada como hipótesis de trabajo. Me senté al ordenador, y abrí en pantalla mi Esquematizador2008 para Janix, algo imprescindible en el trabajo detectivesco. Lo usaba para saber dónde estaba, y dónde quería ir.
Pensé que la primera y última pregunta serían buenos puntos de partida. Y pensé también que LQTEI tendrían información sobre el tema, si es que alguien la tenía. Lo cual probablemente me costaría una pasta. La información tiene que ser libre y gratuita, dicen los hackers, pero estos hackers dicen también que el conocimiento cuesta una pasta; que me lo digan a mí, que también cobro por eso, aunque un poco más que ellos, porque para eso estoy un par de eslabones más arriba en la cadena alimentaria informacional. Los investigadores privados somos los tiranosaurios de la fauna jurásica informacional del siglo XXI. Eso no hay quien se lo crea, pero queda bien como slogan para una página Web. Que, por cierto, todavía no tengo. Lo que, por cierto, añade una pregunta más a alguno de los dos cuadros. ¿Cómo diablos se había enterado el menda de quién era yo, y de mi negocio? Probablemente de algún otro cliente satisfecho.
Evidentemente, era imposible encontrarse con LQTEI cara a cara (F2F). Pocos sabían quienes eran, y de dónde eran. A mí me importaba poco. La aldea global, y todo eso, ya saben. Desde mi cacho de la aldea global, al lado del Mediterráneo, podía hablar con cualquiera en cualquier otro cacho. De hecho, me pasaba horas hablando con todo el que se ponía a mi alcance. Pero lo estaba dejando. El intentar ponerme en contacto con LQTEI no me ayudaba; para ello tenía que tirarse uno horas, e incluso días, enganchado a las sala de charla que ellos frecuentaban, decir unas cuantas frases absurdas, y esperar que sus olfateadores de palabras clave las cogieran a tiempo y se quisieran poner en contacto contigo.
Las horas se hacían más llevaderas con la pantalla que me había mercado con el último curre que me había salido, pillar a un menda que se estaba haciendo con las claves de los ordenadores de Siemens. También con el licor de melón. Además, de vez en cuando se abría una ventanita en uno de los lados de la pantalla que me indicaba las últimas noticias sobre Jano, Megasoft, Janix. Que eran básicamente repetición de las penúltimas. En el frente Janix, había aparecido un menda que había escrito adaptadores para que Janix funcionara también en vehículos eléctricos. Me traía sin cuidado. No tenía coche. No cabía en mi apartamento de una sola habitación, y menos después de meter la pantalla. Tampoco sabía conducir. Bueno, intuía como se hacía, porque tenía algunos miles de horas de simuladores de conducción. Pero no sabía. En el mundo real, las cosas suelen ser más difíciles. Al menos eso he oído.
Pero no fue tan complicado contactar con LQTEI. Una vez que su ordenador y el mío se pusieron de acuerdo sobre el precio por byte, comenzamos a hablar en una sala de charla que ellos me indicaron.
LQTEI ¿Ke kieres?
Sabueso Jano. Megasoft. ¿Qué sabéis?
LQTEI ¿Ke kieres saber?
No iban a soltar prenda. Iban a hacerme sudar cada byte que me entregaran.
Sabueso Razones. Sitios. Gente.
LQTEI Los HDP de ms lo hicier0n.
Sabueso ¿Qué hicieron, y porqué?
LQTEI Mandar Jan0 al infiern0. Era molest0. Les jod1a. Les hac1a ganar menos $.
Sabueso Sois muy caros para decirme lo que ya sé. Vuestra siguiente línea será la última, si no aumentáis mi entropía informacional.
LQTEI Somos karos. Somos good. Ms es una p*ta m1erda. Nosotros entramos en sus ordenadores. Los hicimos nuestros. Nosotros lo hicimos. Te dir1amos 1 kosa sobre kien te paga esta conversación. Pero nos lo tendras ke pagar con algo + ke $.
Sí, eran buenos. No me habían dicho nada hasta el momento, pero eran buenos. En ese momento, mi ordenador pegó un salto. Mensaje. No lo acepté. No sabía qué más estaban escuchando los mendas del infierno en ese momento, aparte de la conversación. Que, por cierto, no me estaba llevando a ningún lado. Una ventana apareció en la parte izquierda de la pantalla. Tantos mensajes por leer me estaban poniendo nervioso. No puedo pasarme mucho rato sin leer mensajes. También estoy dejando esto.
Sabueso Os pagaré cuando me digáis algo que no sepa.
LQTEI Pregunta a M1randa. Pregunta ke guarda en su kasa. Pregunta a Chuck. Pregunta a Dai. Y pregúntale a kien te paga, sabues0. Agur.
El indicador de crédito de la pantalla indicó que mi cuenta había disminuido en 2327 euros. Eran caros. Supongo que buenos. Y supongo que hacían bueno aquello de que es más listo el que hace las preguntas que el que las responde. Y yo me preguntaba quién me estaba pagando, desde hace bastante rato. Qué guardaba Miranda, la vicepresidenta de Productos Avanzados de Megasoft, en su casa (y en cualquier otro sitio, para el caso). Y qué sabía Chuck Doors, el presidente. Y Dai, el jefe de seguridad. Bueno, eso era algo. Megasoft, si no lo había secuestrado, al menos parecía saber dónde se encontraba.
¿Todo eso era algo? Eso no era nada. Era una mierda. Como mi habitación. No podía dar un paso sin pegarle una patada a una botella vacía, o un plástico, o papeles que se suponía que tenía que clasificar para reciclar. Así que decidí dar un paseo. Pero no siempre hago caso a mis decisiones, así que decidí inspirarme un poco en Inca, el juego. Además, el tiempo de conexión se lo iba a pasar al cliente. Cuenta de gastos.
Estás en la puerta de una pirámide. Llevas una llave, un cuchillo, y un láser.
ENTRAR
Inca se desarrollaba en un mundo futuro donde los incas habían llegado a Europa, y la habían conquistado, y obligado a todo el mundo a escuchar a Atahualpa Yupanqui. O en el pasado. En realidad daba igual, era como todos los demás, solo que todo el mundo iba vestido con plumas y tenía las narices grandes.
Está oscuro.
Estaba todo negro. A veces, las explicaciones eran de Perogrullo. Disparé el láser. Algo iluminó. Vi, o crei que vi, una mujer, totalmente negra, de ébano, con un tanga formado por tres triángulos, blancos. Sus dientes, y la pequeña calavera que llevaba en un pequeño collar, en la frente, brillaban.
Ves una mujer. Totalmente negra.
Vale, joder. Con lo que cuesta... Le disparé, claro. De eso iba el juego. Dispara antes de que te disparen. Como en la vida real. Eso he oido, al menos.
No contaré que se rió, y rió, y se puso las manos en las caderas y eso, porque os puede sonar a mal tebeo de superhéroes. Lo que me dijo, quizás también.
"No te metas en nuestros asuntos y nosotros no nos meteremos en los tuyos"
El ordenador me echó del juego. Una mujer peligrosa. O un hombre. O quizás un can. En la Internet, nadie sabe que eres un perro. Pero todo el mundo parecía conocer a este sabueso.
Me tumbé en la cama. Ni siquiera me molesté en echar el licor en el vaso, bebí directamente de la botella, sorbo a sorbo. El ordenador saltó de encima de la tostadora. Más noticias de Megasoft: Chuck Doors había dimitido. En la rueda de prensa había dicho que los últimos tiempos le habían producido un ataque de ansiedad, que su familia lo necesitaba (era soltero, se referiría a su perro Chuckie), y que se responsabilizaba de la caida de las acciones de la empresa. Todo, menos lo que algunos esperábamos. No sé, el tío tenía "culpable" escrito en todas las partes visibles de su cuerpo. En el video que acompañaba al mensaje, Miranda sonreía a su lado. Dai se estaría ocupando de algún asunto de seguridad, porque no estaba en ningún sitio. Miranda Richardson, la vicepresidente, era ahora presidente, y anunció inmediatamente una nueva versión de HomeOS, HomeOS 2008. Sonrió un poco más, mientras la cámara enfocaba su cara, y Chuck, desenfocado, desaparecía confundiéndose con el fondo.
Me asomé un poco a la ventana. No se sabía si era de día o de noche. Llovía. Llovía mucho últimamente. Efecto invernadero, decían. Salí a la calle, a darme un paseo y pensar un poco. Los detectives somos algo más que sabuesos. Somos sabuesos que piensan. Aunque quizás eso sea en realidad algo menos que sabuesos. Quizás hay simplemente que seguir el olfato, y dejar de pensar.
Mi olfato me decía que, por lo pronto, mucha gente sabía lo que yo estaba haciendo. Al menos LQTEI y el avatar femenino del juego Inca. Y, por supuesto, quien me había contratado. El problema, es que en este mundo virtual, no podías estar seguro ni siquiera de que no se trataran de la misma persona.
Incluso con todas las dudas, tenía que ganarme el sueldo. No me llamaban Sabueso por nada. Instalé olfateadores en todas las rutas que se dirigían a mi ordenador, en todas las rutas que se dirigían a Megasoft, y tres o cuatro más en diversas encrucijadas de Internet. Los olfateadores vigilan el tráfico en la red, y me avisan de cualquier cosa que yo les programe. Palabras clave. Sitios de origen y destino. Quién está conectado. A veces, sus claves. Cualquiera podía usar olfateadores, eran gratuitos, como casi todo el software hoy en día, pero yo me había ganado al autor, un muchachote moldavo, Ilie, a base de probar todas las versiones que aparecían. Incluso había incluido modificaciones que yo necesitaba. Después de todo, ¿qué es un sabueso si no olfatea?
Con los olfateadores instalados, y los seguidores de noticias, me senté a beber licor de melón, con un poco de música de fondo. Traté de emborracharme. Emborracharse con licor de melón es casi tan difícil como hacerlo con cerveza americana. Pero yo tenía experiencia, y no me costó tanto trabajo.
Mi instinto, o quizás el dolor de cabeza, me despertó unas horas, o quizás días, más tarde. Creo que era jueves. O quizás viernes. El ordenador había caído de su pedestal, el tostador, o sea que había un mensaje. O varios. Me arrastré fuera de la cama hacia la esquina donde estaba el lavabo y la taza del wáter, a hacer lo que el cuerpo me pedía y tratar de despegar con agua la lengua del paladar. Pero no llegué, y no porque la ropa que había tirada por el suelo me lo impidiera, era porque había un tío delante.
Habitualmente, no hay tíos en mi habitación. Habitualmente, tampoco entran sin que me entere. Pero si sucede esto, es casi forzoso chocar con ellos. No hay sitio para mucho más. Por eso me sorprendí, más por lo segundo y lo primero que por lo tercero. Aunque dado lo que me había sucedido últimamente, tampoco me extrañaba mucho.
Era Dai Korsakoff. Jefe de seguridad de Megasoft. Antiguo Spetsnaz en la Unión Soviética. Sargento chusquero en Chechenia. Operaciones encubiertas en Kosovo. Y eso era sólo lo que aparecía en su página Web. Ya sabía porqué no estaba en la conferencia de prensa.
No me impresionaba. Me cargo tíos de estos todos los días. En Inca, aparecen en el primer nivel. Aunque creo que en el mundo real las cosas son diferentes, y además, no tengo mi sierra mecánica ni mi láser a mano.
-Si no se aparta, me mearé encima de usted - le dije.
-Si usted no se aparta del caso, no tendrá con qué mear -. Duro, el menda, como pensé. Además, lo parecía. Pelo rubio, casi blanco, largo. Pendiente en la oreja y en la aleta derecha de la nariz. Gafas oscuras, que de alguna forma, no ocultaban sus ojos grises, de color acero. Nariz afilada. Barbilla afilada. Preferí no pensar qué mas llevaba afilado encima. Sus hombros casi ocultaban la pared de mi cuarto en la que estaba la pantalla. Sin embargo, ¿para qué venía personalmente? Podía haber mandado a alguien del ejército de alguno de los países que pertenecían a Megasoft, Guatemala, por ejemplo.
-¿Estoy en un caso? Quizás me quiera explicar usted cuál-Por supuesto, no necesitó decirme quién era ni de dónde venía, aunque era la primera vez que me lo encontraba.
-Lo sabes muy bien. Tienes que encontrar a alguien. A nosotros nos interesa que siga desaparecido.- dijo, moviendo la mínima cantidad de músculosnecesaria.
-Tú eres un currante. Yo también. Tú haces lo que te manda quien te paga. Yo también. Fin de la historia.
-Por lo que veo, no parece que te paguen mucho.
-Me gusta vivir así. Además, tengo pocas necesidades. Además, por lo menos sé quién me paga. Creo que tú no puedes decir lo mismo.
-Bueno Chuck ha dimitido. ¿Y qué?- Dijo Dai, encogiéndose de hombros, lo cual aumentó visiblemente el espacio libre en la habitación.
-Y mucho. Por lo que he oído, Chuck te contrató. Chuck se ha ido. O lo han echado.- Era una suposición, pero lo dejé caer a ver qué pasaba.
-Megasoft me contrató. Megasoft tiene ahora una jefe diferente. Y Megasoft quiere que te quites de en medio. Igual que ha querido que Chuck se quite de en medio. O si no...- O sea, que Megasoft ha quitado a Chuck de en medio por alguna razón. Justo después de la desaparición de Jano. ¿Casualidad? Causalidad, más bien.
-O si no, me compraréis como habéis hecho con todo el mundo hasta ahora, ¿no? Y si eso no funciona, me haréis desaparecer como a Jano, ¿no?
-Las dos alternativas que mencionas son sólo dos de las posibles. Y no necesariamente las más agradables. O desagradables. En fin, lo dicho. Bye.- Dai cruzó a duras penas la puerta, intentando no marcar el paso. Yo pude ir por fin al cuarto de baño.
Los mensajes me seguían esperando en el ordenador. Rápidamente, tosté un CD con todo lo que tenía hasta ahora del caso, y lo que los olfateadores habían agarrado esta noche. El mensaje, resultado de rastrear las noticias, decía que Chuck había desaparecido. A los informes de los olfateadores les empecé a echar un vistazo, mientras saboreaba un vaso de leche y pedía por el ordenador un poco de comida indonesia para que me la trajeran a casa. Me gusta la comida indonesia. Es la que menos huele cuando se pudre. Por las especias, creo.
Los olfateadores me decían que, al menos, estaban lanzando ataques a mi ordenador para espiarlo desde cuatro fuentes. Una de ellas era desde ordenadores de Megasoft. Vale. Otra LQTEI. No es que fuera fácil identificarlas, al menos si ellos no querían. Tomaría esto como una muestra de buena voluntad. También me lo esperaba. Tuve que indagar un poco la tercera, pero al final descubrí que la dirección IP correspondía al parecer a la casa de Miranda. Esta sí era buena. Y quizás explicaba mi encontronazo con la sacerdotisa de Quetzalcoatl (o de quien fuera) en el juego Inca. La cuarta era más difícil de identificar. No provenía de un sitio de internet, sino de muchos sitios diferentes. E incluso cada uno de los sitios, parecía estar geográficamente en muchos lugares diferentes. A la vez. Un ataque desde un sitio internet en movimiento. Tratando de espiarme. Y como no me quedaban sospechosos, le asigné esto a mi contratador. De todas las hipótesis, escoge la más simple. El problema es que esto no era nada simple. Un miembro senior de LQTEI echaría unas buenas horas haciéndolo. Lo cual me decía también que mi contratador, si es que lo era, era un guru, quizás uno entre mil millones. Y eso, a su vez, me decía algo. Pero no tenía muy claro qué. Supuse que tendría que dormir sobre el tema para llegar algo. Pero antes tenía algo pendiente en casa de Miranda.
Habitualmente, los sistemas operativos caseros como Janix o HomeOS 2008 son bastante difíciles de penetrar. Janix es casi imposible. Miles de programadores en todo el mundo han intentado atacarlo, lo han conseguido, e inmediatamente han reparado el daño y producido una versión nueva, que todo el mundo ha instalado. Digamos que HomeOS también hace lo mismo, pero los tiempos son un orden de magnitud más lentos. Diez mil mentes en Megasoft piensan y ven mucho menos que mil millones de mentes usando Janix en sus propias casas. Miranda, por supuesto, había instalado Janix en su casa. Desde su ordenador controlaba todo, desde la cisterna del inodoro hasta el cepillo de dientes eléctrico. Cada uno de ellos, a su vez, podía o no estar conectado a la red global, y a su vez, tenían que identificarse y autentificarse el uno con el otro y con el ordenador central. Casa con muchas puertas mala es de guardar, dice un viejo proverbio castellano. Con suficiente paciencia, probando las puertas una por una, acabas encontrando una a la que no le han echado la cerradura. En este caso, fue un vibrador. Debía de haber empezado por ahí. Claro, nuestra amiga Miranda, en sus noches solitarias de ejecutiva, conectaba su vibrador al ordenador, y chingaba a distancia a través de Internet con alguien. O con algo. Me daba igual. Desde el vibrador (modelo Viagra 3000 Turbo con todas las opciones, según revelaba el firmware) me metí en su ordenador personal. Todos sus ficheros estaban ahí. Los 10 terabytes de datos. Enteritos. Miranda estaba psicológicamente más desnuda ante mí que la célebre sacerdotisa. Sacerdotisa cuyo perfil, por supuesto, no tardé en encontrar en el disco duro. Porque sabía que buscar. Pero el resto era un poco más complicado.
Encontrar algo, sin saber muy bien qué, entre miles de miles (vamos, millones) de kilobytes de información no es tarea fácil, y más si, como en este caso, los datos están encriptados. Empecé por desencriptarlos. Puse un anuncio en un grupo de discusión, pidiendo CPUs para un proyecto particular. La gente te las deja, así. Yo también lo hago. Después de todo, no se usa toda la capacidad del ordenador todo el tiempo. La mayor parte de la gente, al menos. Por eso, a finales del siglo XX se hizo popular pedir ordenadores, conectados a la Internet, para romper códigos. Hoy en día se hacía rutinariamente. En ciertos círculos. Pronto tuve 4500 ordenadores en tres continentes y un par de estaciones orbitales. Rompimos el código en dos horas. Ahora tenía millones de kilobytes desencriptados. Tuve que pasarlos por un programa de inteligencia computacional (un agente inteligente que había tardado años en entrenar), y sacó un par de cosas. Era un programa excelente. Un buen programa hubiera sacado varios miles, y tendría que habérselos pasado a otro buen programa para que las redujera.
Pero lo que sacó era oro puro. Correspondencia electrónica entre Miranda y Chuck. Correspondencia entre Miranda y Jano. Correspondencia dirigida a jano@janix.org pero que comenzaba diciendo "Hola, Chuck". Mensajes para chuckd@megasoft.com pero que le hablaban a Jano. Hasta el agente inteligente, que era un programa bastante estúpido, después de todo, hubiera averiguado que Jano era Chuck. Que Chuck había trabajado solo o en compañía de otros para hacerle competencia a su propia compañía. Miranda y Dai lo habían descubierto; después de todo, los dos espiaban a toda la compañía. Y le habían chantajeado: no solamente tenía que abandonar la compañía, sino dejar de ser Jano y no revelar nunca que lo había sido. Si alguna vez lo hacía, lo hundirían en la miseria y lo matarían, no necesariamente por ese orden.
Eso quería decir, también, que había encontrado lo que mi cliente me había solicitado. Mi cliente itinerante, que me estaba espiando. Simplemente contacté con él mandando un mensaje a todas las direcciones internet que había usado para espiarme. Esperaba que apreciara que, después de todo, había contratado al mejor. Solicité a su ordenador una charla personal con él, y aceptó.
Vagabundo Ha tardado un par de días más de lo que esperaba, pero, en todo caso, gracias.
Sabueso No las merecen. Es mi trabajo. Se suponen que me pagan por ello.
El contador de euros de mi ordenador aumentó inmediatamente en unos cuantos miles. Tampoco esperaba menos de él. No solamente sabía captar sutiles indirectas, sino que además era rápido y eficiente.
Vagabundo Espero que permanezca callado al respecto de todo esto. Y a la vez, que hable mucho.
Sabueso No se preocupe. La CNN y Wired sabrán inmediatamente quién es usted, de fuentes anónimas y generalmente bien informadas. Aunque, a esta altura, supongo que será inútil revelarlo, ¿no?
Vagabundo Sí. En este momento, lo mejor es que las dos caras de Jano desaparezcan. Ahora mismo conduzco mi caravana Winnebago camino de Guatemala. Cuando Megasoft la compró, me reservé un buen trozo para mí personalmente. Será un buen sitio para empezar una nueva vida, esta vez como Vagabundo.
Sabueso El mismo que está publicando programas para controlar coches usando Janix, ¿no?
Vagabundo Sí, bueno, es un reto, ¿sabe? Diseñar un sistema operativo para una casa está bien, pero los cables eléctricos ya están ahí y además las casas están quietas. Un coche no se deja hacer tan fácilmente. Hay muchos chismes que controlar, no se puede usar teclado, y además está en movimiento. En ello estoy.
Así termina la historia, supongo. Unos meses más tarde, un programador guatemalteco, Zoilo Puertas comenzó a difundir un sistema operativo gratuito para controlar vehículos. Esa misma tarde, yo decidí salir a celebrarlo, a pulirme unos cuantos cientos de euros de los que me acababa de ganar. Salí a la calle. Era julio. El sol, ya bajo, me hizo parpadear unas cuantas veces. Volví a mi cuarto y estuve jugando a Inca varias horas seguidas.
Otro ultrabreve, también salido del taller en mayo de 2002. Cambio total de género, pero se trataba de escribir a partir de una noticia aparecida en un periódico, un ejercicio creativo que da buenos frutos a menudo.
También apareció en Barrapunto: http://barrapunto.com/articles/02/05/10/0613246.shtml
Ella, la loca, no paraba de proponerle juegos. Y él, con nueve años, que había echado los dientes y los músculos de los pulgares con una Nintendo, le seguía la corriente. En casa de la loca, ella le proponía: Mira, yo soy Darth Vader, y tú la princesa, y luchamos. El decía que no, que él no era una niña. Otra tarde, decía: "¿Vale que yo soy el príncipe y tú el dragón, y luchamos, y yo te mato?" Y el decía que no, que los dragones son muy feos y tienen mal aliento.
Ora tarde, ella le propuso: "Vale que yo soy Lara Croft, y tú un malo malísimo, y te persigo y te mato". Y él dijo: "Sí, vale, mola, yupi", pero de pronto se dio cuenta de que se le hacía demasiado tarde y se fue para su casa. Sin embargo, volvió a los 10 minutos, a buscar su mochila, que se le había olvidado
Ella le esperaba con un cuchillo en la mano.
Cuando el niño cayó ensangrentado en el rellano de la escalera, no estaba demasiado preocupado, porque pensaba que, con las dos vidas que le quedaban para acabar la partida, todavía podría igualar la puntuación máxima.
Este es uno de los relatos que más me gustan, hasta el punto que fue uno de los que escogí para aparecer en alguna recopilación. Tiene tantas interpretaciones como las formas del propio humo, pero yo tenía una sola en mente cuando lo escribí. Lo que ocurre es que, como el humo, el recuerdo se desvaneció.
También apareció en Barrapunto: http://barrapunto.com/articles/02/05/17/068242.shtml.
Todos en la aldea esperábamos con ansiedad la llegada de los martes. Ese era el día en el que el mercader de Humo pasaba por la aldea.
Lo precedía la neblina, lo sobrevolaban nubes negras, tras él, unas briznas grises se iban desvaneciendo. Llegaba a la plaza del pueblo, y quitaba la lona que cubría su carro. Allí, botellas, botes, latas, se agrupaban cuidadosamente, en un arcoiris de matices del color gris. En esta botella, unas hebras de gris azulado; en aquel frasco, unas volutas de gris verdoso.
Toda su mercancía desaparecía en pocas horas. Yo, tras haber ahorrado durante varias semanas, me decidí por una botella esmerilada, donde se adivinaban aros de un color gris blanquecino.
Feliz, la llevé a casa. Mi mujer, mis cuatro hijos y mi suegra se juntaron alrededor mío, con los ojos brillantes con la ilusión de lo que traía a casa. Pusimos la botella en el centro de la mesa, enfrente de donde el hogar aventaba su humo por la chimenea, y la contemplamos durante largo rato. Hasta nos olvidamos de comer.
Cuando la luz del día desaparecía, decidimos abrirla. La destapé, y de ella salió una neblina, que se mantuvo durante unos instantes encima de la botella, y desapareció rápidamente por la chimenea. Todos nos miramos. Mi mujer suspiró. Yo comencé a pensar en cuánto tiempo tendría que ahorrar, cuántos sacrificios tendría que hacer, para comprar, dentro de unos cuantos martes, mi siguiente botella de humo.
Otro relato simbólico como el anterior, que habla de algo totalmente diferente a lo que describen las palabras que lo componen. Se ve que estaba en esa fase. Que, al parecer, coincide con mi fase Barrapunto: http://barrapunto.com/articles/02/05/23/2029240.shtml
Parecían tan adorables, allí, en el escaparate. Un escabel, con borlitas en las esquinas, perfecto para hacer descansar los pies. Aquel aparadorcito, para guardar zapatos, escarpines como los de Cenicienta. La camita, donde bebés sonrosados dormirían toda la noche, soñando con angelitos.
"Mueblería Gulliver", se llamaba. La gente esperaba en la puerta a que abriera por las mañanas; una mañana me tuve que quedar allí, en la cola, prendado de una mesita de café a la que el sol mañanero arrancaba destellos; me la imaginaba en medio del cuarto de estar de mi apartamento, con revistas que describieran paises exóticos encima, con pasteles que dejaran un grato sabor de boca.
Todos en la ciudad hablábamos de nuestras adquisiciones. Y yo volvía a casa todas las tardes, y lo primero que hacía era mirarla; luego hacía un té, o un café, algo para poner encima, y seguirla mirando.
Un día noté que casi no cabía entre el sillón y el borde de la mesa. Y yo no la había movido. Incluso me parecía recordar que antes me llegaba por debajo de las rodillas; ahora podía sentarme en el sillón, y el borde de mi mesita quedaba por encima de ellas.
Meses más tarde, era ya una mesa camilla. Le puse una faldilla, y una tarima, y un brasero. Ya no podía poner el té encima; pero hacía unos buenos pucheros de garbanzos, que tomaba arropado, mirando la tele.
Pero un día ya no me dejaba ni ver la tele. Tenía que hacer algo. Desatornillé las patas del tablero, y, bien temprano, fui a dejarlo todo en un descampado de las afueras; allí lo dejé amontonado, encima de un colchón del tamaño de una cancha de voleybol.
Volviendo a la ciudad, me encontré con un amigo, que, muy ufano, se había comprado meses antes un armarito zapatero en la misma tienda. Me conminó a que fuera con él a su casa. Pero no pudimos hacer nada para sacar al pobre armario. A martillazos, con las manos, lo hicimos astillas.
Este relato apareció originalmente en Barrapunto, y la versióna atalayera está corregida y poco aumentada con respecto a la original; también cambié el título, que era Augurios, por una sugerencia de una compañera de taller de escritura, el segundo al que asistí, impartido también por Miguel Ángel Cáliz.
Es también uno de mis relatos preferidos; le debe mucho a las Ciudades Invisibles de Ítalo Calvino, pero también al hecho de que desde las ventanas del primer taller se veían cientos de pájaros volando y alborotando sobre el Albayzín.
Esta versión es de enero de 2003, y apareció en http://atalaya.blogalia.com/historias/4968 . También apareció en Nuevos Cuentos del Alambre, una recopilación de cuentistas granadinos editada en el año 2005 por Ediciones Traspiés y a cargo de Miguel Ángel Cáliz.
En un lugar muy lejano, hace mucho, mucho tiempo, existió una ciudad, de nombre impronunciable, y por ello, llamada por algunos la Ciudad de las Torres, por unos pocos la Ciudad del Cielo Moteado y por casi todos la Ciudad de los Pájaros.
Los que la recuerdan cuentan que en ella habitaban incontablemente más pájaros que personas; pájaros de todo tamaño y plumaje, de especies conocidas, otras olvidadas, y otras que no nos es dado conocer. Como en el Mar de los Sargazos, lo primero que se veía de la ciudad eran las bandadas de aves que la sobrevolaban; también era lo último que se dejaba de oir. Y lo que nunca se olvidaba.
Había quien decía que las aves eran reflejo del alma de la ciudad, o quizá su alma misma. Cada vez que nacía un polluelo humano, el volátil que más se acercaba a la cama de la parturienta determinaba el camino que iba a tomar su vida. Si se trataba de una abubilla que picoteaba las bostas de las reses a la puerta de la casa, el niño sería basurero; si un pelícano anadeaba alrededor del paritorio, crecería para convertirse en un buen padre o una buena madre; si un águila imperial sobrevolaba la torre de la casa del pequeñuelo, toda la familia se congratulaba: el destino le reservaría las cúpulas más altas del poder.
Las plumas también acompañaban el vuelo del alma de los fallecidos al Más Allá: si se escuchaba un cuco después del suspiro postrero, el difunto había sido en su vida un usurpador; si una paloma blanca se posaba en el alféizar de la ventana de la casa mortuoria, persona de paz había sido, y no era posible mayor homenaje.
Arúspices y augures gozaban de la más alta consideración en en la ciudad, porque eran los únicos que sabían leer en las evoluciones de las aves en el cielo.
Cuentan que en esa ciudad vivió un personaje al que llamaban el Indiano, que tras haber hecho fortuna usando malas artes lejos de la ciudad, volvió a ella a pasar sus últimos años.
Se estableció en una rica casa, de altas y esbeltas torres, disfrutaba de los placeres que su avanzada edad le permitían, y era honrado por sus conciudadanos.
Así fue feliz un tiempo; pero cuando vio acercarse la hora de su muerte, temió que una urraca, el pájaro ladrón, graznara en su velatorio. Decidió entonces acabar con todas las urracas. Habiendo sido respetado en vida, no quería que un pajarraco mancillara su memoria.
Puso entonces trampas, las cazó con ballesta, entrenó azores para que las espantaran, pagó a rapazuelos por cada cadáver de urraca que le trajeron. Se sintió tranquilo y feliz cuando pasaron varias lunas sin que se viera ninguna urraca en la ciudad, y murió con una sonrisa en los labios.
Pero cuando el sacerdote posaba una mano sobre sus ojos para cerrarlos, toda la concurrencia fue atraida por un gran estrépito en la ventana de la estancia. Allí, entre una nube de plumas, dos pájaros se peleaban. Un loro, el pájaro mentiroso. Y un cuervo, el pájaro asesino.
Quizás con decir que éste relato fue mi represalia particular a la invasión de Iraq está todo dicho, pero lo cierto es que atrajo ciertos comentarios curiosos en http://atalaya.blogalia.com/historias/6180 que he tenido que borrar al realizar esta recopilación. Es el único relato que he traducido al inglés, también, y el único que tiene una segunda versión.
-Vosotros no lo sabéis, porque no estuvísteis allí- Lefebvre comenzó a hablar, parándose para mirar a su alrededor. Ninguno de los parroquianos en la taberna marsellesa le devolvió la mirada, aunque algunos asintieron con la cabeza.
-Pero yo sí, y sucedió como os lo estoy contando. Nos metieron en el infierno, un infierno que todavía me visita en mis pesadillas. Y os voy a contar como fue. - hizo una pequeña pausa - Las fuerzas enemigas se habían atrincherado en la Ciudad de las Estrellas, y mi batallón de infantería había sido asignado al allanamiento de la resistencia justamente al sur.
Ciudad de las Estrellas. Quince millones de almas, y el doble de armas. Muchos sueños, la mayoría de ellos pesadillas. Y la primera industria del país, una industria que, debido al bloqueo, había perdido la mayor parte de su lustre anterior, pero seguía siendo la primera, y por tanto, su sede se convertía en un objetivo de primer orden.
Pero antes de aplastar la ciudad con nuestros tanques, teníamos que resolver un asuntillo. Mi compañía, la 3ª del 2º batallón del tercer regimiento de la brigada de infantería aerotransportada de la 4ª división de las Naciones Unidas. Todos buenos muchachos y muchachas. No había tres del mismo país, pero no se peleaban entre ellos más de lo estrictamente necesario. Ya me habían acompañado en la toma de los pozos de petróleo de Texas, pero aquella misión nos la ventilamos con la gorra. Cuatro vaqueros viejos con botas relucientes, tratando de emular a Clint Eastwood disparando y montando a caballo a la vez. Mis francotiradores chinos acabaron con ellos sin despeinarse siquiera.
Bueno, los chinos, en realidad, no se despeinaban nunca. No como los brasileños, cuyo estado normal era estar despeinados. Todos excelentes combatientes. No hubiera querido tener a otros a mi lado en lo que se nos avecinaba, aunque ninguno supiera decir “Capitán Lefebvre” correctamente. -"Assórdenes, capán Lefbvre", dijo alguien en la taberna, elevando un vaso de vino. Lefebvre no le hizo caso, y siguió.
-Y os lo digo, parecía fácil cuando nos plantamos ante el Reino Mágico. Las torres del castillo relucían, inmaculadas, como si no las hubiera afectado el bombardeo previo. Lo cual era una puta mierda, porque seguro que significaba más peligro.
Atravesamos el foso, y enfilamos Main Street USA, armas aprestadas, vigilando los techos; en ese momento, desde enfrente nuestro, salió de detrás del carrusel de la plaza que había al final de la calle Winnie the Pooh, avanzando hacia nosotros con los brazos abiertos, sonriendo con su cara de peluche y cartón piedra. Ocenasek, un checo, un muchachote de Bohemia al que todos queríamos y nadie entendía, se dirigió hacia él también con los brazos abiertos; Winnie the Pooh se le abrazó, explotando. Nosotros nos tiramos a cubierto, inmediatamente. La lluvia de pedazos de ambos tardó un rato en remitir. De Ocenasek lo más entero que encontramos fue una de las manos, la que había estado más lejos del cuerpo del puto osito.
Eso marcó el comienzo del ataque. Nos atrincheramos a los lados de la calle, detrás de pedazos de cartón piedra, donde nos asediaron por oleadas de robots Pluto animatrónicos con ametralladoras en las bocas, dinosaurios, y astronautas. Según venían nos los íbamos cargando, pin, pan, pum... pero sufrimos no pocas bajas.
Solicitando cobertura aérea, avanzamos metro a metro hacia la ciudad de Mickey, en el extremo superior de la colina, en la zona más alejada de la puerta por donde habíamos entrado. Os lo digo, fue un infierno, pero lo peor vino al final, los piratas del Caribe, gente con experiencia, con muy mala leche. Con patas de palo. Nos rodeaban por todos lados, personas, máquinas, animales. Más bajas, pero a los jodíos piratas le metimos las patas de palo por el culo.
Cuando encontramos a Mickey Mouse dentro de su guarida, no esperamos que levantara las manos. Le metimos varias balas entre ceja y ceja, porque tenía un entrecejo de tamaño considerable y no queríamos que siguiera coleando con esa cola de rata suya.
Todo había terminado. Yo fumaba un cigarro, contando las chapas de los muertos que habíamos dejado por el camino, y sin dejar de estar alerta, me dí cuenta de que todo el mundo me había abandonado, toda mi compañía. Comencé a andar entre los cadáveres, hasta que me los encontré a todos en la tienda, que había quedado intacta. Estaban acaparando muñequitos, pads de ordenador, y camisetas de “Disneyland, Anaheim, USA”. Disparé al aire para llamar su atención, tan entretenidos estaban con su botín. Algunos me miraron como diciendo “Es para los niños, jefe”.
Les dí órdenes para que le prendieran fuego a la jodida tienda. Los necios no comprendían que así era como había comenzado todo.
Otro ejercicio de vivero de relatos, que a pesar de cómo acabamos, lo cierto es que nos permitió producir mucho, y no demasiado malo. No todo está en esta recopilación, por cierto. Este viene de http://atalaya.blogalia.com/historias/16830
Los muy imbéciles, además, me han invitado a cañas. La tía vaca, que parece que se maquilla mirándose en una foto de Fofó.
-Qué guapa y bien arreglada está usted hoy, vecina-, le digo. Y el cretino de su marido le sonríe, si está hasta enamorado, el imbécil. Si la viera revolcarse con el oso del butanero, como la veo yo, casi todas las semanas - No le quite ojo, vecino, que cualquier día se la quitan-, les digo y me río, y ella se carcajea, y pone morritos, y se besan. - Ya quisieran muchos estar como ustedes, es lo que yo digo siempre-. Vacío la cerveza de un trago, y sonrío, dejando la mano sobre el vaso, a ver si los inútiles ponen a funcionar la neurona y se dan cuenta de que quiero más.
-Otra, ¿no?-, me dice mi vecino.
-No, no te molestes.
-Venga, una para todos.
Le digo que cómo se nota que le va bien, y se sonríe otra vez. Cómo le va a ir bien, si le dije que se hiciera jardinero al ver que tenía el jardín hecho una pocilga y va el tontolaba y monta un negocio de jardinería, que hace falta ser subnormal. En la misma ruina, y encima su mujer se pule lo poco que gana, si hasta le ha regalado un gorro de lana al butanero, joder.
-Y bueno, también gracias a tu mujer, lo bien que administra la casa-, continúo. Pero veo de refilón un reloj en el bar, y me acuerdo que había quedado con su hija, para echarle un polvo. -Oye, no pidas la cerveza, que me acabo de acordar que he quedado con vuestra hija para ayudarle con las matemáticas.
-Si, ve, ve.
"Es tan buena gente", oigo que dicen mis vecinos cuando me voy. Claro que lo soy. Es lo más fácil.
Recuerdo que este cuento lo escribí en mi Moleskine en el hall de un hotel en Mérida. No sé por qué se me ocurrió, pero es del mismo estilo que Humo, o Muebles. Lo podéis comentar en http://atalaya.blogalia.com/historias/18064.
Lo descubrí una mañana, justo encima de la ceja derecha: un lunar redondito y pizpireto. Conozco lo suficiente mis cejas y sus contornos para saber que antes no estaba allí. Pero, ignorante de los mecanismos íntimos de los lunares, no le di mayor importancia. Hasta que al día siguiente, lo vi enmedio de la sien. Y al otro, flamenqueando desde mi hoyuelo en la mejilla.
Luego, o emigró a alguna zona inaccesible a la vista o simplemente desapareció. No solo él, sino también los demás lunares: ese lunarcito, casi una peca, que tenía en el dorso de la mano; aquél irregular del mentón, justo debajo de la barbilla; y, palpándome la nalga, no percibí ninguna irregularidad donde antes había tenido otro. "Será algo que he comido" pensé.
Pero, según me iba a acostar, vi sobre una pared lo que inicialmente pensé que era una famila de arañas, pero que, al acercarme, identifiqué como una nube de lunares. Allí estaba aquel redondito y marrón café torrefacto que me apareció cierta mañana, el primero, y todos los demás detrás, moviéndose casi imperceptiblemente, todos en la misma dirección.
Eso fue ayer. Hoy ha aparecido en mi mejilla un lunar grande e irregular, como una cucaracha despachurrada, y del mismo color. Con los mismos pelos también.
Ahora espero al lunar color café. A ver si se lo lleva.
Otro relato procedente del taller, en la misma vena que Humo y Muebles. A estas alturas probablemente se averigua fácilmente por dónde va, y si no lo averiguáis, poco importa. Apareció en http://atalaya.blogalia.com/historias/18784
Enseguida notó que no se portaba como siempre. Ayer mismo había recibido su trasero con mimo. Una simple sacudida, un meneito, y el acoplamiento había sido perfecto: los cojines soportando sus riñones, el brazo apoyado en el brazo. Una persona y un mueble alcanzando el zen del descanso.
Pero, al día siguiente, por más que lo intentaba, no había manera. Mullió los cojines. Los estiró. Los levantó, los volvió a colocar. En cada cambio se volvía a sentar, tratando de escalar esa cima del reposo que le eludía. Nada.
Cabreado, salió a la calle. El mejor momento del día se había perdido, ya sólo le quedaba buscar fuera de casa lo que no encontraba allí.
Un destartalado sofá de una discoteca lo acogió finalmente con agrado, lo engulló casi con sus gastadas telas. Allí pasó toda la noche, hasta que lo echaron.
Al día siguiente, llamó a un tapicero, que se llevó su sofá hogareño, entre revuelo de pelusas que habían habitado bajo el mismo. Todos los días, al volver a casa, miraba el vacío dejado. Se sentaba en una silla, apoyaba los brazos en el respaldo, y pensaba en cojines y en filosofía oriental.
El tapicero se lo trajo unos días más tarde, con un nuevo estampado y relleno de turgente gutapercha. Lo miró un buen rato antes de sentarse.
Cuando lo hizo, no es que no se sintiera rodeado. Es que se sintió pateado, escupido.
Desde entonces, pasa todas las noches en la discoteca, enterrado en aquél sobado sofá. El de su casa se lo regaló a unos primos estudiantes. De vez en cuando va a su piso y lo prueba, a ver si está en su punto.
Lo de buscar la voz de uno debe de ser cierto, además, parece como si uno fuera ensayando hasta que le sale la voz como a Darth Vader, pero también es cierto que si siempre escribe uno en el mismo estilo se alimenta la complacencia y la onfaloscopia, y se reduce mucho la gama de colores literarios con los que uno trabaja. Así que de vez en cuando se escriben historias totalmente diferentes; en este caso, inspiradas por un suceso de ese verano: dos ancianos murieron atropellados al cruzar la A92, más o menos a la altura que describo en el cuento. ¡Spoiler! ¡Spoiler! Estaréis gritando, pero así os planteáis el cuento de la misma forma que me lo planteé yo; conozco el final, pero ¿qué llevó a esas personas a hacerlo?
Apareció en Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/21040, y también en la recopilación “Distancia Corta” del malhadado colectivo Vivero de Relatos.
-¿Sabes qué? - Le espetó Julián a Miguel, según entraba al asilo desde el jardín - Se ha muerto otro.
Miguel apenas esbozó una mueca de disgusto. Con cierta lentitud fue pelando la frase, quedándose con todas sus capas. Se había muerto otro más. En los asilos, los días de la semana, inclusive fiestas de guardar, se cuentan por muertes. Ayer Andrés, antes de ayer, Josefa, la de las Gabias, antes de antiyer, Tomás, el de Pinillos. Se moría tu compañero de dominó, o el que había discutido contigo sobre no sé qué torero, o la muchacha con la que habías intentado bailar el pasodoble aquella noche de fiesta.
Por eso, los asilos son un poco como los campamentos de la OJE, a los que Miguel había asistido en la posguerra. Conocías gente, pero todas las amistades tenían fecha de caducidad. Y cerca, como los yogures.
Quizás por eso también, como en los campamentos, eran más intensas. A los setenta u ochenta años, o noventa, los amigos eran los mejores amigos. Y los amores, los más intensos y apasionados. Miguel había conocido a Eugenia, y se iba a casar con ella. Pensaba en ello mientras se acercaba a su habitación. Eugenia no salía tanto como él. Nunca había sido de calle, pero después de una fractura de cadera, menos todavía. Se apañaba mal con las muletas y las muletas con ella. Los cojos siempre están de mala leche, por eso nadie quería sentarse a su lado en las excursiones en autobús, y por eso Miguel, que había llegado el último para montarse en el autobús en aquella excursión a Nerja, lo hizo. Allí había empezado a conocerla.
Los ancianos siempre tienen mucha vida que contar, y lo primero que hizo Eugenia fue contarle a Miguel la suya, intercalando maldiciones diversas al conductor, a las muletas, y a la virgen santísima.
Miguel la escuchó, e incluso le sonrió. Las sonrisas de Miguel eran, si no bonitas, al menos evidentes: los múltiples pliegues de una cara expuesta al sol, "de sol a sol", como solía decir él, se recolocaban de tal manera que le hacían merecedor del premio que le dieron en el asilo: "Señor sonrisas, edición senior". En la misma velada, Eugenia se había llevado el "Mala follá de oro".
Por eso nadie entendió que al final del viaje ya estuvieran tonteando, que es un verbo posiblemente inadecuado, dadas las circunstancias, pero era el que más se acercaba a las risitas, palmaditas, y apartes que protagonizaron.
Quizá fuera aquello de la media naranja, porque Eugenia era todo aquello que no era Miguel. Fue directora de escuela por oposición, muy leida; Miguel firmaba con una equis, aunque leía las nubes y el susurro del viento en los olivos como nadie. Miguel era religioso, de misa anual antes de jubilarse, porque el campo es muy esclavo, diaria cuando se jubiló, para compensar; Eugenia se cagaba en Dios y en Cristo y en la Virgen Santa cuando venía a cuento y cuando no, en todo caso con mucha más frecuencia de la que le resultaba deseable, o incluso soportable, a las monjitas del asilo, y había sido de Comisiones en la clandestinidad desde finales de los cincuenta.
O quizá fuera simplemente el amor, que no tardarían en consumar con cierta ayuda farmacéutica, mucha fuerza de voluntad y bastante cariño.
Eugenia recibió a Miguel en su habitación con un alegre "Cagondiós, que puto calor hace", lo que provocó una de las sonrisas de Miguel. A Miguel le gustaba cuando era tan ella.
-Eugenia, que vengo pensando que, según nos vayamos casando, nos vamos a vivir a mi pueblo.
Eugenia maldijo algo, contradijo bastante, y argumentó lo que pudo, citando incluso a Herodoto, lo cual solía apabullar a Miguel bastante, que no conocía nada más raro que la historia del martirologio de San Juan Nepomuceno, y eso, de oidas. Pero no hubo forma de de que Miguel cambiara de opinión. Ni Eugenia quería que lo hiciera, lo que ocurría es que para ella la mejor forma de pasar las horas en el asilo era una buena discusión, y ya sólo Miguel se quería colocar en el otro extremo de sus "ergos" afilados.
Dejar el asilo para siempre por el propio pie (ayudado, si procedía, de andador o muletas), suele ser algo excepcional, por eso les hicieron una pequeña fiesta tras la boda (por lo civil, como no podía ser de otra forma). Eugenia recibió todos los parabienes rezongando, Miguel con su sonrisa. Nadie les echaría de menos. Los que se acordaran de su existencia al cabo de dos semanas, tendrían que poner todo su esfuerzo en seguir viviendo. En no ser de esos otros.
El viaje de novios fue breve y en autobús, de Moclín a Granada, un café con churros en la estación de autobuses, y otra alsina a Diezma. Posiblemente, las semanas que iban a pasar en Diezma fueran las más felices de sus vidas, porque tenían la felicidad de lo cotidiano, de lo que se hace sin pensar. Eugenia no maldecía tanto, y hasta se atrevía a andar sin muletas, cogida del brazo de Miguel. Incluso la cencerrada, una tradición local dedicada a los que contraían segundas nupcias, que les dedicaron, les pareció divertida, y bajaron una botella de Machaquito para compartirla con todo el mundo.
Hablaban de vez en cuando con sus amigos del asilo, hasta que un día, alguien le contó a Miguel que Julián había muerto. Se había muerto otro. Se lo contó a Eugenia, y juntos planificaron su última semana.
Irían un día a Guadix, al cine, otro a Salobreña, a la playa, otro a ver la Alhambra...
El último, cenarían fuera de casa, en el Manazas, y después, en la cumbre de su felicidad, pondrían fin a sus vidas, cruzando la autovía de noche, andando.
Miguel fue el primero en morir. Se lo llevó por delante un coche belga que iba a ciento cincuenta. Eugenia no maldijo, no por estar en paz con nadie, y menos con Dios, porque no le hacía falta, sino porque era lo que habían querido y elegido ellos mismos.
En los segundos que tardó en ser arrollada por un monovolumen, solo pensó en la felicidad que habían elegido, y en la muerte que también habían elegido, para que nadie decidiera por ellos cuando se convertirían en esos otros que morían siempre.
Creo que esta historia también salió en la tertulia, en un ejercicio, pero no sé cuál. ¿Hacer un relato a partir de una frase hecha? ¿Una historia de amor? A saber... el resultado me gustó, tanto que fue el que leí en la presentación de “Nuevos Cuentos del Alambre”, en vez de la historia incluída en el mismo, con el cabreo consiguiente (y posiblemente justificado) de Miguel Ángel Cáliz.
¿De dónde salió la inspiración? Creo que en esa época estaban haciendo obras en mi calle, así que tenías que andar por ella como quien anda por la playa, tratando de evitar las toallas, niños tirados por el suelo y medusas patas arriba. Por cierto, que en Doom Patrol aparece también un personaje llamado “Danny la Calle”, que es, efectivamente, una calle.
La tenéis en http://atalaya.blogalia.com/historias/28468
Me has decepcionado, calle. He vuelto para ver si habías cambiado, pero sigues igual. Sigues horadada por sucios operarios, adornada con luces de colores como una cualquiera, sucia y descuidada...
Antes no era así, ¿te acuerdas? Me mimabas, me acogías, me caía y sentía tu calidez y tu consuelo. Esa farola, que nunca se encendía, sólo se iluminaba cuando yo pasaba. Y ahí estaba tu sonrisa. Mi dicha.
Tuve que irme aquél día que te abrieron en canal unas excavadoras del color de la vergüenza, no por no vete sufrir, sino por no verte disfrutar.
Calles lejanas me acogieron, y durante todo el tiempo sobé y desgasté ese trozo de plano que mostraba tus curvas, que eran mis curvas, y tu nombre, C/ Linotipista Braulio Camprubí... y vuelvo para verte así.
Necesitas a alguien que te proteja. ¿Me dejarás ser tu chulo?
Se trata, una vez más, de un ejercicio: partir de un párrafo de Ítalo Calvino que habla de cangrejos y de dibujos, y crear a partir de ahí tu propio cuento. Tratándose de una temática común, es interesante como cada cuál en un grupo arrima el ascua a su sardina: hay quien lo hace romántico, hay quien lo hace truculento, y quien, como yo, que tira a lo informático. Lo que no se ve por ningún lado, hasta que cotejas el título y el final.
Lo publiqué en Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/34412
El emperador soñaba un sueño. En el sueño, Confucio, sabio entre los sabios, con mano diestra, aplicaba el pincel al papel de arroz y dibujaba una grulla. Pacientemente, esperaba hasta que el dibujo impregnara las fibras y solo entonces, tocaba con su dedo índice los delicados trazos de las alas de la grulla. Al instante, todas las grullas del mundo acudían a su retiro, y le rendían pleitesía.
El emperador se despertó, llamó a un sirviente y le pidió papel, tinta y pincel. Y dibujó una grulla. Sus concubinas y los sirvientes de palacio alabaron su destreza y ese día todos se deleitaron con un gran pastel de miel y sorgo en forma de cabeza de grulla.
Ahíto, el emperador, tras yacer con la más bella de sus concubinas, soñó. Y en el sueño, Confucio, benevolente entre los benevolentes, dibujaba una carpa, la tocaba, y el lugar de su retiro era un río y todas las carpas del mundo estaban allí, al alcance de su mano.
Al tercer día, tras yacer con la más hábil entre sus concubinas, el emperador soñó un sueño. En el sueño, Confucio dibujaba un mono.
Al cuarto día, tras yacer con la más inteligente de sus concubinas, el emperador soñó. Pero en el sueño, Confucio yacía inerte, perdido el color, en la tierra. Los cangrejos devoraban minuciosamente su piel y sus miembros.
El emperador despertó sobresaltado y le contó este sueño y todos los demás a su concubina Jun, que todavía yacía a su lado. Jun habló mientras el emperador contemplaba arrobado su pie derecho:
-No me atrevería a repetir lo que vos mismo ya sabéis: que las grullas son heraldos del mundo espiritual, las carpas son la perseverancia y el mono es lo que de animal hay en nosotros. El cangrejo es el poder. Dibujar es controlar. Confucio dibuja y controla. Pero nadie dibuja el cangrejo, así que el cangrejo acaba controlando y matando a Confucio.
El emperador decidió encargar al mejor ilustrador e su corte que aplicara su arte al dibujo de un cangrejo, el más perfecto que nunca se hubiera dibujado. El ilustrador, como había esperado, pidió tiempo, sirvientes y dinero, pero la paciencia era un don imperial y la generosidad su virtud, así que todo le fue concedido.
Sin embargo, cuando volvió a palacio le sorprendió una gran conmoción. Los sirvientes se postraban en su presencia, sin atreverse a mirarle a la cara. Sus hijos varones lloraban y sus ayas trataban de aliviar su desconsuelo. Los guardianes de sus favoritas yacían muertos en el suelo, sus cabezas separadas de su torso. El capitán de la guardia, sangre en su afilado sable, se lo entregó al emperador y pidió de su clemencia que hiciera lo mismo con él.
-¿Porqué? - preguntó, desorientado, el emperador
-Porque somos indignos de ti. Una plaga de cangrejos ha entrado, inadvertida, en el palacio, devorando la lengua de Jun, sabia entre las sabias, el rostro de Bo, bella entre las bellas, y las manos de Cong, habilidosa entre las habilidosas.
El emperador cayó fulminado y se postró en su lecho, sin que nadie, ni sus hijos, ni sus consejeros, ni sus concubinas, pudieran elevar su ánimo.
Pasaron cinco años y soñó con Confucio. Confucio, pincel en mano, dibujaba a un hombre. Y ese hombre tenía los rasgos del mejor pintor de la corte. El emperador despertó y gritó a sus sirvientes para que aprestaran el palanquín y se dispusieran a ir a visitarlo.
El pintor le enseñó una grulla, una carpa, un mono, perfectos hasta en sus imperfecciones, la garrapata en el plumaje, los mechones descoloridos en el pelaje del mono. Le habló de sus desgracias, de las traiciones de los servidores que el emperador le había proporcionado, de sus cinco hijas, de las plagas que habían descendido sobre sus cosechas, cochinillas, langostas. De cómo los cangrejos habían devorado su plantación de algas, en la feraz costa de Hunan.
Esos fueron los únicos cangrejos que aparecieron en esa visita. El artista pidió más tiempo, más dinero, más sirvientes. El emperador, cuya generosidad y paciencia estaban poniéndose a prueba, se los concedió.
Al volver al palacio, el emperador se volvió a encerrar en sus aposentos. En los cinco años siguientes, mientras la miseria y los enemigos externos descendían sobre el Imperio del Medio, el emperador vegetaba, apenas atento a lo que sucedía en su entorno. Un día soñó. En su sueño, el artista pintaba un cangrejo, y Confucio miraba y sonreía.
Despertó, y fue por su propio pie a la casa del artista, que parecía consumido como una pavesa; éste despertó de su sopor al ver al emperador, tomó un pincel, y se puso a dibujar. De su mano izquierda salió el cangrejo más perfecto que la mente humana pudiera concebir.
El artista y el emperador compartieron el té y esperaron pacientemente a que la pintura se secara. Entonces y sólo entonces, el emperador tocó con su dedo índice el cangrejo. Y todo cambió.
Este es posiblemente uno de los últimos relatos más o menos convencionales que he escrito. Aunque el aspecto no es demasiado lineal, la estructura sí lo es. Lo hice para enviarlo a un concurso, en el que no me comí un jurel.
Curiosamente, no está en Atalaya, sino en Google Docs http://docs.google.com/Doc?id=dcz8gh3t_34gw7zw6fz una gran idea si quieres escribir relatos en colaboración.
Quizás alguien reconozca en los nombres de los personajes los de una narración tradicional china, por la que me interesé en esa época no recuerdo bien porqué.
-El sexo es electricidad - dijo Jin. Sus dedos de uñas exiguas acariciaban la nuca de Walt mientras sonreía con la mitad de su cara. Con su mejor mitad.
Walt aprovechaba ese breve contacto para usar los chips de Jin. Qué cortafuegos tan simple, pensó. Debajo de la piel de Jin los paquetes de información lanzados por Walt iban y venían, buscaban, exploraban. Walt miraba el breve escote de Jin, y sus propios chips, ayudados por los de la propia Jin, calculaban su grado de perfección, exploraban posibilidades, creaban fantasías en las que Walt se zambullía en ese escote. Infinitos mundos sintéticos se proyectaban sobre las lentes de su córnea, y Walt le devolvía la media sonrisa a Jin.
-La electricidad es electricidad. El sexo es sexo. Hablando de sexo... - Walt veía esos mismos paquetes de información transportando electricidad desde el cuerpo de Jin al suyo propio, ese Donut consumido en el desayuno, metabolizado y convertido en fuerza, en candela para que funcionaran todos los implantes dentro del cuerpo de Walt, que ahora fluían al cuerpo de Jin, un flujo que también aparecía proyectado en esa lente. Hoy Walt tenía hambre. Hambre de muchas cosas, de calcular, de computar, de electricidad, de sexo. Jin sabía muy bien, y Walt alargó la lengua hacia ella.
Ping buceaba en la red, con la red, tratando de estimar lo que de Walt podía ser vendible, cuánto podrían vender, cuánto podría costar, cuánto podrían quedarse ellas.
Una vez concretado el producto, venderlo no fue difícil.
Pero Jin le puso el dedo en los labios; chispas invisibles los unieron, traspasaron el éter y acabaron convertidos en un mensaje de "Caída de capacidad de cálculo" en los ojos de Walt; sus ojos se convirtieron en las dos ranuras horizontales de una ávida máquina tragaperras.
-A esta red entre pares le falta un nodo. Espera.
Jin y Ping, en realidad, no se parecían en nada. Sólo proyectaban imágenes similares. Y esta era sólo una de las mentiras que las rodeaban. En esos días, era fácil constuirse y reconstruirse. La realidad física era ineludible, pero fácilmente escondible bajo capas de imagen virtual. Y la imagen virtual pertenecía a cada uno, o no pertenecía a nadie.
Así se conocieron, en realidad, Jin y Ping. Las églogas contarían que fue en un fumadero de opio en Shangai, y, para todo el mundo, fue así. Les gustaba imaginarlas consumiéndose con los ojos entornados, aisladas de cualquier mundo, hasta que un puente se tendió entre ellas, y se convirtieron en una sola Entidad Físicamente Fragmentada. Se registraron como tal en las islas Vírgenes, y desembocaron en una vida de exploracioneos y descubrimientos.
Todo era mentira, claro, y es la labor de un narrador omnisciente descubrirlo. Ping era una urraca callejera de veinte y pocos años físicos que alquilaba sus chips y lo que les rodeaba por unas cuantas unidades de energía, y cuando le faltaban salía a buscarla. La buscó en el sitio equivocado, sin embargo: Jin pasó a su lado en un Starbucks en Londres, y sintiendo la energía que emanaba se lanzó a por ella, atacando los cortafuegos de Lin con todo lo que tenía, una guerrera ninja de túnica carmesí convirtiendo en rodajas las defensas de Jin.
Jin tenía más años y más energía disponible, claro, y sus chips eran lo mejor que se podía comprar bajo los puentes de Portobello Road. Dejó a Ping entrar, y enfrentó a la ninja carmesí una colegiala japonesa de grandes ojos, mirada de sorpresa y rodillas juntas. Colegiala que, en poco tiempo, había desarmado y desnudado a la ninja carmesí. Sus avatares hicieron el amor durante infinitos latidos de corazones cibernéticos, y sus cuerpos lo hicieron poco después.
Mira las flores
una se ha marchitado
Pero, aunque las flores se marchitan,
el año siguiente serán bellas de nuevo
lo que no se puede decir de estas lindas muchachas
Las habilidades de Ping encajaron con el ansia infinita de energía de Jin y sus implantes cibernéticos. Nunca se registraron como Entidad Físicamente Fragmentada en las islas Vírgenes, aunque ese mito les gustaba especialmente. Pidieron su clave pública en un cibercafé, no lejos del Starbucks de Nottingham Court Road donde se habían conocido.
A Walt no le impresionaban los tríos físicos, pero en todo caso usó todos los chips propios y ajenos que pudo encontrar para trazar varios cursos de acción posibles. Sin embargo, existe un problema en las redes entre iguales. En una red amo-esclavo, alguien manda, alguien obedece. En redes entre iguales, nadie manda. Ni siquiera cuando cree que manda. Cuando Walt dominaba, en realidad estaba siendo dominado. Cuando escalaba, en realidad estaba bajando. Y cuando llegó a esa laxitud plena de satisfacción, en realidad su energía se escapaba por todos los poros de la piel. En dirección a Jin y Ping. Que tenían su propia relación entre iguales, en ese preciso instante. Delante y detrás de él.
Mira las flores
una se ha marchitado
El último aliento de Walt sirvió para procesar las imágenes de un avión sin piloto que fotografiaba los campos de lirios de Abu Dhabi. Afortunadamente, los paquetes de información salieron de su cuerpo antes.
-Joder, otro yonki.
A Wu le había tocado ese día, ese preciso día, el rol de policía. Porque nadie tenía trabajo ya. Asumían roles un día, dos días. Un mes. Lo que hiciera falta. Varios a la vez. Después del fiambre, le tocaba, breve consulta a la agenda, si, ahí estaba en la esquina inferior izquierda de su campo visual, programar sistemas de tránsito. Un poco más arriba, varios iconos le avisaban de que estaba recibiendo información de la forense. Que también hablaba.
-Bueno, ya sabes. Se enganchan con una tarea, necesitan más energía, pero están tan flipados con lo que sea que estén haciendo, observando el ala de una mariposa, viendo temporadas completas de una serie en segundos, que gastan toda su energía. A mi me ha pasado más de una vez. Casi.
-¿Muerte accidental, entonces?
Muerte accidental | X |
El sacerdote y el narrador pueden robar la cartera sólo con la lengua
Proverbio japonés tradicional
-Tú eres una friki - dijo Shi, mientras tatuajes animados de color azul cerámica se perseguían por su frente y sus mejillas.
Mei suspiró. Shi pensó que era una friki encantadora. Mei pensó que él era un encanto, pero más bien tirando a zoquete, pero lo intentó una vez más. Gesticuló con la mano, y un mapa de la ciudad apareció en el aire, delante de ambos. Sobre el mapa aparecían círculos que se dispersaban, espirales que se perseguían, olas que se encrespaban y se amansaban. Nadie cabalgaba sobre ellas, salvo quizás Mei. Shi tenía el espíritu, el físico y el cerebro de un surfista, y sus chips sólo servían para alterar su apariencia de la forma más banal posible, así que Shi creyó que era lo más adecuado para que entendiera lo que estaba haciendo.
-Cuando tus chips calculan algo, emiten radiaciones. Como olas, pero no se ven - dijo Shi
-Olas. ¿Hay orilla? - dijo Shi, mientras rememoraba en una parte de su campo visual cabalgadas pasadas.
-No, no hay orilla. Solo olas.
-Solo olas.
-Bueno, sí hay orilla. Las olas llegan a otros chips, que me lo acaban enviando a mi, así sé cuántos chips hay, y cuánto están calculando, en cada momento y en cada punto de la ciudad
-Como los chismes que nos dicen si va a haber buen surf o no.
-Como esos. Pero yo lo que quiero saber es la concentración de chips y cómo se usan, y como cambia, en diferentes puntos de la ciudad.
-Y escribir algo.
-Una tesis.
-¿Como un libro? ¿Lo publicas y te pagan? - Shi consultó cuánto podía ganar un escritor de libros.
-No, es investigación, bueno, más o menos... - Mei bajó los brazos. Suspiró otra vez y cruzó las manos en el regazo, mientras Shi aguzaba la vista
-O sea, esta ola, que está en... Eso es la Lotus Tower, ¿no?
-Si, muchas oficinas, mucha gente... - su voz se fue apagando, según comprobaba unos cuantos datos de la proyección. Lo que estaba proyectando correspondía a las tres de la mañana. Mucha gente durmiendo, poca actividad computacional. Lo volvió a repetir; burbujas aparecían y estallaban en los abrevaderos de moda, pero la Lotus Tower estaba bastante lejos de ellos, era una zona residencial, con algún robot, poca gente, poco cálculo, poca candela.
Alguna muerte. Una muerte, justo a las tres de la mañana, estaba en múltiples formas en la red, etiquetada, metaetiquetada, computerizada, con imágenes, multimedia. Un tal Walt. Un yonki. Mucho cálculo, una muerte. Hay gente que no sabe cuándo dejarlo.
Mei volvió a suspirar. Shi era uno de esos; parecía estar entreteniéndose con alguna imagen que le suministraban sus propios chips; Mei le lanzó otra de ella misma, una que sabía que él no podría resistir.
Ver a Jin y Ping era un extraño placer; maestra y alumna en acción, aprendiendo, enseñando. La opinión, sin embargo, estaba dividida en cuanto a quién enseñaba y quién aprendía. Salvo que el que miraba, el que estaba fuera de la entidad, nunca llegaría a aprender nada de ellas. Impredecibles, la única constante en su vida era el ansia de viajar. Ansia, viajar, deseo, vagar. | Ver a Mei era un extraño placer. Rara vez salía de su laboratorio, y cuando lo hacía, la mole de Shi la solía abarcar de tal forma que era casi imposible vislumbrarla. |
La labor del narrador omnisciente no es fácil. Sería bonito decir que, un buen día, Wu se encontró a Mei, y comentaron, sobre unas copas de bebidas energéticas, sus respectivos roles. En ese momento se encenderían sendas bombillitas (literalmente, no era difícil de hacer y siempre quedaba bien proyectar en tu compañero iconitos de significado universal), y empezarían a analizar megabytes, terabytes de información, cogidos de la mano, y usando a Shi, que siempre tenía capacidad computacional sobrante, hasta que encontrarían quién, precisamente quién, había estado cerca de las zonas donde había habido muertes asociadas a exceso de capacidad computacional.
Pero mi deber como narrador omnisciente es informarles que Jin y Ping siguieron viviendo su vida, y la de otros, durante muchos, muchos años, y que en realidad, nunca nadie les encontró y si lo hizo, acabó siendo parte de una noticia generalmente ignorada al día siguiente.
El tiempo de reflexión que te permite un viaje, y el tener elementos de escritura a mano, permite que se le ocurran a uno cosas como ésta. Está basada, como casi todo, en hechos reales: realmente vi a alguien vomitando vómito (qué si no) de color rojo en los lavabos de la T4.
Creo recordar que también lo escribí para un concurso (¿algo relacionado con los viajes? ¿Trenes de cercanías? ¿El del Ideal?) que tampoco gané, así que lo fui dejando en Atalaya: http://atalaya.blogalia.com/historias/58477
Un solo vómito no suele ser grave, si no eres tú el que vomita. O si no eres tú el que ves a Kevin Bacon vomitando. O si el vómito no es de color rojo. Bueno, rojo sangre de toro.
Si alguien con bermudas y mochila vomita un rojo frambuesa a las ocho de la mañana en el aeropuerto de Barajas y no eres tú, se puede decir que estás a salvo. Generalmente, los viajes físicos son un asunto entretenido y vacío de todo tipo de azar. Subes, bajas, te mueves, te emborrachas, conoces a un antenista turcochipriota, no te lo crees, subes, bajas, subes. Lo único que se pone en relieve, en realidad, es tu propia ignorancia.
Porque en cuanto te bajas del avión te conviertes en un ignorante con tarjeta de embarque primorosamente impresa (con la ausencia del color rojo) y sin líquidos que podrían poner en peligro la supervivencia de una buena cantidad de compañeros ignorantes. Porque, para empezar, ignoras donde están los servicios, donde estás tú mismo (salvo alguna idea general de que estás en un lugar llamado "la T4" que es del tamaño del término municipal de Lorca). Más adelante, ignorarás el origen del olor procedente de quien se ha sentado a tu lado en el metro.
20 preguntas: ¿Animal, vegetal o mineral? Siendo que no es vaca ni queso ni 95 octanos: vegetal. ¿Comestible o inconsútil? Comestible. Evidentemente ignoras la pregunta número 18 (descendente), que conducirá probablemente a una marca comercializada en grandes almacenes o en tenderete oriental con esquina fija y por tanto de toda confianza.
Y quizás, lo que es más importante, ignoras cuál es la cantidad de orujos que puedes tomar antes de que esas voces en tu cabeza empiecen a ser indistinguibles de la tuya propia
-Próxima estación: Esperanza
-Perdona, ¿decías? - preguntan unos ojos verdes rodeados de un halo olfatorio de algo que podía ser, pero no es, almizcle de ornitorrinco mezclado a partes iguales con estambres de clavellina fucsia y rododendro viudo con posibles.
-No, que si hay que pagar suplemento para la T4, o, por el contrario, te premian al llegar con un corrector de ojeras siempre que te bajes del metro con una amplia sonrisa.
Te premian con una sonrisa en ese caso. Lo que implica que tendrías que pagar suplemento, aunque para no hacerlo, te escudarías en la ignorancia, que es atrevida. Y generalizada en el viajero.
Un microrrelato destinado a un concurso ferroviario. ¿Adivináis? A mi me gusta, sin embargo, y refleja que muchas veces la emoción está en el viaje en sí, en compartir la intimidad con una serie de personas, en ser parte de sus conversaciones, sus comidas, su sueño por un rato.
Está en http://atalaya.blogalia.com/historias/57402
Por qué llegar. No quiero hacerlo. Cuando el viaje acabe, el capítulo de este libro se quedará sin leer, no sabré si esa chica de enfrente consigue que su amiga de al lado salga, si el señor con ojeras logra vencer el sueño, si el sueño que ya venció a la chica extranjera logra, además, exponer ese trozo de piel que quedó el fin de semana pasado justo debajo del bikini, si mi compañera de asiento logra finalmente vender su mueble de Ikea ya montado a quien llama por teléfono. Si la canción de los Ramones termina antes que la batería.
Con esto llegamos al fin de la antología “Pequeños Golpes y Mayores Fallos”. Espero que lo hayan disfrutado. Si así lo han hecho, siempre pueden comprarlos yendo a la dirección publicada, o bien en Bubok.
Por cierto, que este libro está acompañado del primer tomo: Pequeños Golpes, que también puedes adquirir en Bubok: http://www.bubok.com/libros/170590/Pequenos-Golpes . O descargar. O las dos cosas. Junto con el segundo: http://www.bubok.es/libro/detalles/170591/Y-Mayores-Fallos .
1Que no es spam, cojones
2Me ha hecho un hombre feliz
3¿Está usted seguro? ¿En serio? Venga...
4Venga, va, que no va en serio, ¿verdad?
5No serán muchos días, ¿no?
6Ay, ¡picarón!